Obama no tiene favoritos

El primer ministro de Gran Bretaña Gordon Brown viaja hoy a Washington para reunirse con el presidente Barack H. Obama.

En la agenda está convencer a Obama de la necesidad de coordinar la estrategia frente a la crisis económica mundial.

Al parecer, Brown comparará la situación actual con el frente común que presentaron los Aliados a la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Y si bien es cierto que urge una acción concertada ante la seriedad de la crisis, la analogía transpira el interés del actual gobierno británico para renovar lo que se ha presentado como “relación especial” con Estados Unidos.

Winston Churchill tuvo a Franklin D. Roosevelt, Margaret Thatcher a Ronald Reagan y Tony Blair a George W. Bush.

¿Podrá formarse un binomio semejante entre Brown y Obama?

Los primeros ministros de Gran Bretaña, por lo menos los que he conocido, tocan invariablemente en la puerta de la Casa Blanca antes que nadie lo haga.

Por tradición, lazos de sangre o conveniencia política y, sin que nos llamen cínicos se puede afirmar que es ésto último, son generalmente los primeros en la lista de visitantes del presidente de turno.

Gordon Brown, fiel a la costumbre, fue el primer líder extranjero en conversar vía telefónica con Obama tras su elección. De ello dieron cuenta los diarios en Gran Bretaña.

Sin embargo, a pesar de que se anunciaba que la visita de hoy iba a ser la primera de un jefe de gobierno extranjero, no ha sido así.

Obama ya realizó su primera visita al exterior. Fue a Canadá para reunirse con el primer ministro Stephen Harper el pasado 19 de febrero.

Cinco días después, el premier japonés Taro Aso se convertía en el primer jefe de un gobierno extranjero en sentarse con Obama en la Casa Blanca.

Ahora se nos presenta el viaje de Brown como el primero de un líder europeo.

A estas alturas hay que preguntarse si no están ciegos los británicos ante lo que es obvio.

Renovar la alianza con Gran Bretaña y darle categoría de especial no es una prioridad para Estados Unidos.

Uno de los focos de atención de la política exterior del nuevo gobierno estadounidense, ya lo dijo la Secretaria de Estado Hilary Clinton, es Asia.

El reciente viaje de la flamante jefa de la diplomacia de EEUU así lo demuestra. Por obvias razones que no hay que mencionar, China tiene preferencia.

Las relaciones con Pekín estuvieron en la agenda de la visita del primer ministro japonés, como los consabidos temas económicos.

En cuanto a Canadá, a Obama lo mueve no sólo la cooperación en materia de economía, medio ambiente y la lucha contra el Talibán en Afganistán, sino también el interés en los ricos depósitos de petróleo en la provincia de Alberta, que, según se dice, son las mayores reservas de petróleo fuera de Arabia Saudita.

Posiblemente las palabras del premier canadiense Stephen Harper tienen un trasfondo más allá del cordial lenguaje diplomático.

En ocasión de la visita de Obama, Harper dijo: “Canadá y Estados Unidos están más cercanos económicamente, socialmente, culturalmente, en términos de nuestras asociaciones internacionales que ninguna otras dos naciones sobre la faz de la Tierra… Pienso que puedo predecir con seguridad que lo seguiremos siendo dentro de cuatro años”.

Estoy seguro de que los asesores de Brown deben haber tomado nota.

No hay mucho por hacer, por el momento.

A Obama le complacerá escuchar que puede contar con la amistad a prueba de Gran Bretaña pero las realidades dictan la política.

Si Obama es fiel a sus prédicas, bajo su presidencia Estados Unidos no irá a ninguna guerra sin consultar a sus aliados. En ese sentido no habrá mucha necesidad de la fidelidad británica.

El pasado cercano ofrece pruebas.

La amistad de George W. Bush con Tony Blair, esa que le valió ser considerado por muchos como “perrito faldero”, se consolidó cuando pocos querían ir a la guerra de Afganistán y menos a Irak.

Fue la confirmación en política internacional del antiguo adagio inglés “a friend in need is a friend indeed”.

Con Obama, no habrá oportunidad como la hubo con Bush, quien en público homenaje a Blair, proclamó a Gran Bretaña como el mejor amigo de Estados Unidos, ante los aplausos cerrados de un Congreso en pleno.

A Obama tampoco le interesa emplear energía y tiempo en Brown, que puede dejar de ser primer ministro en las próximas elecciones generales, a realizarse, a más tardar, en 2010.

En este contexto, hablar de relación especial es una mera ilusión.

Obama no tiene favoritos o por lo menos no los necesita ahora.

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