Carta de un amigo


Todos sabemos que lo más angustiante de las crisis económicas no es la quiebra de los bancos o la caída del mercado inmobiliario.

Es simplemente la pérdida de empleos.

Escuchamos, casi a diario, de cierres de puestos de trabajo en Gran Bretaña y todo el mundo.

Por supuesto nos toca más de cerca cuando afecta a un familiar o a un amigo, como es el caso de Javier Luque.

El me ha escrito desde Tarragona. Seguramente quienes lean esta página encontrarán su caso similar a otros que conocen.

Esta es su carta:

Con permiso de Fernán, voy usurpar unas líneas de su blog.

Al igual que él, soy periodista (o comunicador social, como muy agudamente anota).

Desde hoy, estoy sin trabajo.

El domingo pasado, el director de mi periódico, el diario AQUÍ, entró por la puerta y se encerró en su despacho con el Jefe de Redacción.

Un cuarto de hora después, llamaba a cada uno de los periodistas allí presentes. El periódico cerraba. La crisis. Nos falta el dinero de la publicidad. Trece personas más en la calle.

Hoy, viernes 27 de febrero de 2009, es el último día que el público podrá leer este diario provincial.

Permítanme una breve mención al AQUÍ, aunque sea a modo de esquela.

He trabajado en pocas redacciones donde se viviese el periodismo con la intensidad del diario AQUÍ.

Créanme, es así. Déle usted a una redacción con una media de edad de 25 años la absoluta libertad para buscar, escribir y publicar los temas más delicados de su ciudad y provincia (en este caso, el Camp de Tarragona). Verán lo que es pasión por el periodismo.

Aquello que a todos nos afecta de esta situación, es que no es el único medio que no ha podido aguantar con la ventana abierta y ha tenido que bajar la persiana.

Publicaciones ilustres como el Chicago Tribune han seguido el mismo derrotero.

Ayer, una amiga de Al-jazeera me comentaba que no sabía si seguiría trabajando después de marzo, el medio está recortando personal. Al igual que la BBC, El País, La Vanguardia, El Periódico, Televisión Española, etc.

Hasta Carlos Slim, el magnate mexicano, ha tenido que ir al rescate del The New York Times.

Y aquello que afecta a todavía más gente es la pérdida de pluralidad en los medios, de distintas visiones.

(Para los incrédulos: sí, hay diversidad de opiniones. Los periodistas tenemos cierta libertad, y la usamos. Algunos acarreando incluso un precio demasiado alto.

Pregunten a los compañeros del rotativo ruso Novaya Gazeta)

Los oriundos de Chicago ya no podrán comentar las editoriales del Tribune, y los de Tarragona dejaremos de disfrutar de los reportajes en profundidad de aquello que sucedía en la esquina de al lado.

La esperanza, para muchos, reside en una plataforma digital: internet.

Cordialmente

Javier Luque

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