Recordando a la Reina Madre


La Reina Isabel II develó hoy una estatua de su progenitora, la Reina Madre, cerca del Palacio de Buckingham
.

La escultura, que representa a una Reina Madre joven vistiendo la capa de la Orden de la Jarretera, fue colocada junto a la de su esposo, el rey Jorge VI.

La familia real se dio cita para este póstumo homenaje a quien se recuerda en el país con cierta simpatía.

Conozco algo de la vida de la Reina Madre porque informé para el servicio de radio en español de la BBC sobre su funeral el 9 de abril de 2002.

Fue la única vez que he estado cerca de la realeza británica.

En contraste con aquel martes, en éste se quiere destacar la personalidad jovial de la reina.

En ese sentido, la señora fue, según dicen, todo un personaje por su humor y gracia.

Cuentan que al saber que las cenizas de Edwina Mountbatten, la esposa del último virrey de la India, Louis Mounbatten, tío del príncipe Felipe, iban a ser esparcidas en el mar, dijo: “A la querida Edwina siempre le gustó un chapuzón”.

Se dice también que al asistir a una gala, subía una escalinata en la que se habían alineado soldados de la Guardia Real. La acompañaba el escritor y compositor homosexual Noël Coward. Al notar que Coward miraba con interés a los soldados, le dijo al oído: “Estoy segura de que los han contado a todos”.

Cuando en los años setenta un ministro conservador le aconsejó que no diera empleo a homosexuales, ella respondió que sin ellos, “tendríamos que hacer autoservicio”.

Una anécdota que revela su aplomo y agudeza tuvo lugar, según el célebre actor Peter Ustinov, durante una manifestación de estudiantes en 1968.

La Reina Madre y Ustinov fueron recibidos con hostilidad por los jóvenes que les lanzaban rollos de papel higiénico.

Sin inmutarse, la reina se agachó, recogió uno de los rollos y se lo devolvió a los estudiantes diciéndoles: “¿es suyo ésto? ¿podrían recogerlo?”

La inesperada salida desarmó a los manifestantes.

Al margen de la vena jocosa de la Reina Madre, la casa real quiere destacar hoy también el papel que jugó durante la Segunda Guerra Mundial.

En los duros años del Blitz, ella y su esposo, el rey Jorge VI, visitaron barrios del este de Londres severamente bombardeados por los aviones alemanes.

Una bomba que cayó en el Palacio de Buckingham y causó algunos daños dio la oportunidad a la monarquía para situarse al mismo nivel de sus sufridos súbditos.

Y la reina dejó una frase para la posteridad: “Ahora sí podemos mirarle a la cara al East End”.

Al darse cuenta de que la reina se había convertido en una fuente de inspiración para los británicos, Hitler dijo que era “la mujer más peligrosa en Europa”.

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