Fascinación con los Oscars

¿Por qué decenas de millones de personas, cientos de millones quizás, estamos pendientes de lo que sucede una noche del año, la noche de los Oscars?

Aquellos que por diferencia de hora no vemos la transmisión en directo, nos interesamos por las entregas de las estatuillas y los discursos en los noticiarios o en internet (gracias, You Tube).

Entretenimiento por sí mismo no es. Podríamos escoger cualquier otro espectáculo o actividad de cualquier tipo que se ajuste a nuestra necesidad del momento.

¿A qué se debe este interés, esta fascinación, entonces?

Hay definitivamente algo de personal y catártico, de sentirse parte de un rito colectivo, global, desde la intimidad de nuestras casas.

Este año, muchos de los que querían el triunfo de Slumdog Millionaire, veían el premio no a una película simpática, sino a la motivación y la perseverancia sobre la adversidad en la vida del joven salido de las cloacas de Bombay con el que se han identificado (cínicos, abran los ojos; no tiene que ser necesariamente un cuento de hadas).

Los que deseaban el galardón a la Mejor Actriz para la británica Kate Winslet, buscaban el justo reconocimiento a una sostenida excelencia. Original su discurso; totalmente de acuerdo con el cubano-americano Pérez Hilton, esa Louella Parsons de nuestra época.

Catarsis hay en las lágrimas y el aplauso por las sinceras palabras de Dustin Lance Black, el guionista de “Milk”, que puso en su trabajo su misma vida.

Al margen de lo que nos motiva a ser voluntarios espectadores, me pregunto si tal vez la noche de Oscars 2009 pudiera trascender más allá de lo anecdótico.

¿Podría inspirar Slumdog Millionaire a niños y jóvenes de los barrios marginales de todo al mundo a luchar por mejorarse?

¿Podría ser Kate Winslet un modelo para quienes aspiran a un futuro en la actuación?

¿Podrá el discurso de Dustin Lance Black sacar de la duda y la desesperación a quienes son víctimas de esos dos feos pecados, la ignorancia y la intolerancia?

El tiempo dirá.

Lo cierto es que anoche una buena parte de la humanidad (y algunos en diferido) estuvimos en una única y especial sintonía.

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