España esencial

No puedo evitarlo, tengo un amor antiguo, casi natural, por España que me recordó un viaje a la Península la semana pasada.

Quizás porque hace mucho tiempo aprendí a valorar el pasado como parte imprescindible de mi identidad. Y España es el pasado más lejano.
Me explico. Crecí en una de esas viejas casas cubanas donde todavía había en la pared el retrato de un abuelo o un bisabuelo español. Aquel militar que me miraba con sus bigotes hacia arriba y uniforme del ejército de Alfonso XIII era Francisco Beltrán, el primer antepasado del que tuve noticia.
Mi nombre, eso que se convierte en parte de uno mismo aunque lo niegue William Shakespeare, viene de la afición que tenía mi abuela Inés por las novelas de Fernán Caballero, el seudónimo, misterioso como todos los seudónimos, de Cecilia Böhl de Faber.
Al darle nombre a mi padre, mi abuela impuso una tradición de familia. Y lo que es más, cuando ya crecido me aficionaba a la literatura castellana descubrí que lo compartía con una figura legendaria, el conde Fernán González.
Uno de mis primeros juguetes fueron pequeñas figuras del Cid y sus huestes a caballo, con leones y torres en los escudos. Por supuesto, no faltaban los sarracenos para darle más vueltas a la rueda de la imaginación.
Y España no estaba solo en los juegos. La primera lección de historia de Cuba en cuarto grado de la escuela primaria comenzó con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, quienes se convirtieron en héroes de mi infancia.
Con el paso del tiempo aprendí a disfrutar de la que es quizás una de las mejores herencias de la hispanidad: mi idioma, que vino de la mano de lecturas de la Biblia protestante de Casiodoro de Reyna y Cipriano de Valera, del teatro de Lope y los versos de Góngora y Quevedo.
Después me aficioné por la música española y tuve una predilección sin rubor por la zarzuela, desde Marina al Caballero de Gracia.
Debo aclarar que todo este amor por la que algunos viejos llamaban o llaman todavía la Madre Patria, quizás con un poco de ironía, tiene conocimiento de causa.
Sabía, sé, de la cara fea de la España histórica: la mano de hierro con que sometió aquellas tierras y la torpeza del régimen colonial que perdió irremisiblemente a Cuba.
Sin embargo, para mí fueron siempre gravísimas faltas de parientes en una amplia familia en la que hay más que festejar que lamentar.
Este españolismo es para mí esencial. Es savia de mi cubanía.
Por otra parte confieso que no puedo identificarme con otras culturas que son anecdóticas o marginales a mi forma de ser cubano.
En este mundo de diásporas y de cruzamientos de todo tipo en los que se diluye la identidad, cabe de vez en cuando hacer un alto para celebrar nuestras raíces, las más hondas.
Entrada anterior
Entrada siguiente
Deja un comentario

¿Y usted qué opina?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Categorías

  • Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

  • El autor en Twitter

  • Follow Cuba y otras obsesiones on WordPress.com
A %d blogueros les gusta esto: