Las tribulaciones de Mohamed

A sus 30 años, Binyam Mohamed al Habashi tiene pocos motivos para ver el futuro con optimismo.

Este joven etíope residente en Gran Bretaña está detenido en la base estadounidense de Guantánamo en Cuba desde septiembre de 2004, acusado de conspirar para llevar a cabo atentados terroristas en Estados Unidos.

Su vida hasta hoy ha sido un catálogo de desventuras.

En 1994 vino a Gran Bretaña con su familia como todo inmigrante que busca un futuro mejor.

Con motivos o sin ellos, Mohamed presentó una solicitud de asilo político pero las autoridades de inmigración británicas no le creyeron.

En su lugar, le otorgaron a Mohamed un permiso de residencia indefinida, una verdadera bendición para aquellos que, mucho más abajo en la categoría del infortunio, son devueltos a sus países.

En su nueva vida, Mohamed se ganaba la vida como conserje y a la vez estudiaba ingeniería.

Quizás una de las decisiones más trascendentes que tomó en su juventud fue la de convertirse a la fe musulmana.

Seguramente la religión le dio un sentido de propósito que no encontró en la sociedad británica. Fue tal vez el sentimiento de igualdad y fraternidad que halló en su nueva comunidad.

Pero hay mezquitas y mezquitas. Y Mohamed cayó en la red del radicalismo, esa telaraña que se nutre de jóvenes inconformes en los que fe e inexperiencia se unen en peligrosa combinación.

Convencido de su destino, Mohamed tomó el camino de la yihad, la guerra santa contra los infieles y el lugar que eligió para ponerse al lado de los justos fue el Afganistán de los Talibanes.

Tras el descalabro del régimen que fue a defender, Mohamed intentó regresar a Gran Bretaña con pasaporte falso desde Pakistán. En el lance, fue descubierto y detenido por las autoridades pakistaníes.

Fue entonces que habría comenzado en serio la tragedia de Mohamed.

Según él, fue maltratado en Pakistán desde donde lo trasladaron a una cárcel marroquí.

Sus interrogadores querían saber qué hacía en Afganistán, quiénes eran sus contactos en Al Qaeda, quién lo había reclutado, en fin era visto como una valiosísima fuente de información en la guerra sin cuartel contra el terror.

Sus carceleros, cuenta Mohamed, lo sometieron a crueles y horrendas torturas: le propinaron fuertes golpizas, lo quemaron con agua caliente y le hicieron cortes en el pene con un bisturí.

Quizás porque no lograron su propósito, lo trasladaron a la llamada Prisión de la Oscuridad en Afganistán para un nuevo ciclo de violentos interrogatorios.

Según Mohamed, lo privaban de sueño, le hacían escuchar música a alto volumen, no le daban de comer y lo colgaban por las muñecas.

Esas torturas, afirma, eran peores que las que padeció en Marruecos. Para el dolor físico estaba preparado, pero no para la desestabilización de la mente.

El caso de Mohamed se ha convertido en una especie de cause célèbre en Gran Bretaña en estos días, no porque se investiguen las acusaciones de tortura, sino porque el gobierno británico ha sido acusado por dos de los más importantes magistrados de la High Court , una de las máximas instancias judiciales del país, de someterse a la presión de Estados Unidos.

Las autoridades estadounidenses habrían amenazado para que no se haga pública información de inteligencia que pasaron a los británicos y que podría ser relevante en la investigación sobre las supuestas torturas de Mohamed. El gobierno de Gran Bretaña lo niega.

Es imposible predecir si la atención pública que tiene el caso esta semana será de ayuda para Mohamed quien es el único residente británico que aún continúa detenido en Guantánamo.

La reticencia de los estadounidenses para ponerlo en libertad indica que es considerado como peligroso y con causa pendiente por la que todavía no se le ha sometido a juicio.

Aun si fuera liberado, Mohamed tendrá que lidiar con las secuelas de la cárcel.

Es posible que se reponga de la pérdida de peso, consecuencia de sus huelgas de hambre en Guantánamo, pero mucho más difícil será enfrentar los problemas mentales que, según dicen, ha comenzado a padecer.

Quizás entre rezo y rezo y lectura del Corán en su celda, Mohamed debe haber pensado si realmente valió la pena emprender el camino de la yihad, si ha ganado méritos en los ojos de Alá o si todo fue un error que lo ha llevado a perder algunos de los mejores años de su vida.

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