¿Qué pasó con Mrs Morris?

Permítanme presentarles a Thomas Morris. En realidad, nunca lo conocí porque este caballero vivió en el que es hoy mi apartamento hace casi cien años pero, por lo que sé de él, en 1911 y a la edad de 40 años, trabajaba para una compañía de agua mineral y tenía dos hijos.

El mayor, Walter, de 15 años, era un van boy, algo así como un mozo de cuerda. Herbert, el menor, tenía 10 años y, como era de esperar, asistía a la escuela primaria.

En la noche del domingo 2 de abril de 1911, la esposa de Thomas Morris, no durmió en la casa del número 44 de Elmsdale Road. Tampoco los otros tres hijos o hijas que tuvieron durante su matrimonio que llevaba ya 19 años.

Conviene una explicación. Todo esto lo sé porque el mes pasado se publicó en internet el censo de 1911 en Inglaterra y Gales.

Tener acceso a sus millones de páginas no es gratis. A mi me costó 6 libras esterlinas, unos 8 dólares y 75 centavos al cambio de hoy.

Con los créditos que da el importe se pueden ver e imprimir transcripciones o las páginas originales, que son más caras. Este es el registro en el censo de lo que hoy es mi casa, de puño y letra de Thomas Morris.


Desde 1801 y cada 10 años se realizan estos padrones en Gran Bretaña. Sólo en 1941 no fue posible hacerlo debido al pavoroso bombardeo alemán de las ciudades británicas durante la Segunda Guerra Mundial conocido como el Blitz.

Todos los censos se conservan, con excepción del de 1931, destruido en un voraz incendio durante aquella guerra.

Lo que sé ahora de Thomas Morris y su familia ha sido posible por la Ley de Libertad de Información, la Freedom of Information Act.

Alguien invocó la ley mediante un recurso legal y los datos del censo que debían publicarse por otra norma sólo en 2011, a los cien años, se hicieron públicos.

Manos emprendedoras se dieron a la tarea de fotocopiar y colocar en internet cada página del censo, que se añade a los anteriores ya publicados en findmypast, un sitio de internet en el que se puede tener acceso no sólo a censos sino también a partidas de nacimiento de nacimiento y defunciones desde 1837, de bautizos desde 1538, de divorcios y “causas matrimoniales” desde 1858 y una lista de los soldados caidos en la Primera Guerra Mundial, aquel conflicto que aunque lejano todavía da escalofríos en este país.

Con los créditos que quedaron de mi indagación, pude averiguar que en 1891 residía en mi vivienda la familia de Henry y Eliza Tipple a los que imagino como una típica y virtuosa pareja victoriana; ella de corset y miriñaque, él de chaleco y leontina. Y sus tres pequeños hijos. Todo en su lugar.

Es evidente que no es la familia Tipple la que tiene encendida mi imaginación. Lo que me intriga es el paradero de la Sra Morris y tres de sus hijos en aquel día de abril de 1911. Quizás porque en este domicilio había otra mujer, una sirvienta, Martha Cutter, de 32 años.

Al observar la casilla al lado del nombre de Martha en el documento original, se nota que Thomas Morris escribió algo que después borró.

Confieso que me gustaría comprar más créditos para investigar en los archivos de divorcio de esa época aunque lo más probable es que nunca sepa que sucedió con la esposa de Morris. Y para saber donde estaban ellos diez años después tendría que esperar hasta 2021, a menos que antes alguien recurra otra vez a la Freedom of Information Act.

A veces me pregunto qué dirían Thomas Morris y su esposa si pudieran ver hoy lo que fue su vivienda, dividida ahora en dos apartamentos. Su habitación matrimonial, por ejemplo, es hoy mi sala.

Qué distinta y extraña sería no sólo la casa, extendida hacia arriba, sino también la calle y la ciudad.

Más cerca de su tiempo, en aquel domingo de abril de 1911 nunca habrían podido imaginarse la hecatombe de la “guerra grande” que vendría en apenas tres años. ¿Qué pasó con Thomas Morris o con Walter, ya de edad militar?

Al buscar respuestas, me inquieta darme cuenta de que la familia Morris y yo podríamos tener algo en común. No es que habite el mismo espacio que ocuparon. Es la incapacidad para prever catástrofes, sobre todo las que causamos nosotros mismos, los humanos.

 

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