Vindicación del chavismo

Antes de que me ofendan unos o me apoyen otros, permítanme una aclaración de entrada. No me refiero a ese chavismo que ustedes piensan.

Se trata de un homónimo, por lo menos en inglés. Según el Urban Dictionary, chavism es todo lo que tiene que ver con los chavs, esos jóvenes o adultos jóvenes, que en este país, se caracterizan por lo que se define como mal gusto en el vestir: gorras de béisbol, pantalones deportivos, ropas de “marca” y el uso del lenguaje más soez, aun cuando es totalmente innecesario. Creo que ya tienen una idea. Por aproximación, el chav británico podría ser el hortera de España, el cheo de Cuba, el roto de Chile, el huachafo de Perú o el tierrúo o “cajita fuerte” de Venezuela.

La palabra chav, que es peyorativa, hizo su aparición hace unos cuatro o cinco años y se dice que es de origen gitano. En lengua romaní, chavvy es muchacho o muchacha.

Esta semana los chavs hicieron noticia en Inglaterra cuando una agencia de viajes publicó un anuncio de vacaciones libres de…eso mismo, chavs. Así lo informó la BBC.

La publicidad en cuestión decía que en los paquetes turísticos que ofrece la compañía nunca habían estado ninguna Britney, Dazza, Bianca, Chardonnay o Candice pero sí personas con nombres como John, Sarah, James, Charlotte y Lucy.

El anuncio ofendió. ¿Chav yo?, dijeron algunos en airada protesta, y argumentaban: ¿cómo puedo serlo si tengo mi propio negocio, soy graduado universitario y manejo un Mercedes?

En realidad puede decirse que una cosa no quita la otra. Hay chavs que tienen dinero y manejan automóviles de último modelo.

Es difícil encontrar algo positivo en esa forma de vestir o de hablar. Más aun, en su peor manifestación, el chavismo puede significar delincuencia común, borracheras y peleas callejeras.

Sin embargo, a pesar del sambenito, hay quienes se muestran orgullosos de ser chavs. Los he escuchado en la radio y debo decir que aplaudo cuando alguien reivindica su particular forma de vivir sin perjuicio ajeno, gústeme o no.

Entre el vilipendiado chav que sin duda puede resultar molesto un viernes por la noche en el metro y un banquero de la City, culpable de esta debacle económica en que nos encontramos, pueden adivinar con quien están mis simpatías.

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