¿Quién ganó y quién perdió con la visita del Papa?

Previsiblemente la reciente visita de Benedicto XVI a Cuba ha dado pie a innumerables reacciones de condena, sobre todo entre las comunidades cubanas en el extranjero. Con el excesivo apasionamiento que nos caracteriza, se concluye apresuradamente que la presencia del Papa en la Isla confiere legitimidad al gobierno.

Los críticos, denostadores en su mayoría, dicen que la reunión del Pontífice con Fidel Castro muestra un presunto contubernio de la jerarquía católica con el poder para recuperar espacios perdidos en la sociedad cubana. La confirmación es que no se reunió con los disidentes, nos aseguran. Algunos llegan incluso a predecir una enorme pérdida de fieles para la Iglesia cubana como consecuencia de esta y otras aparentes faltas de solidaridad con la oposición.

El viaje del Papa a nuestro país merece ser visto en realidad con menos emoción y más mesura; debe considerarse en el contexto en que se realiza y en su complejidad. Cualquier análisis ha de tener en cuenta además que falta la necesaria distancia del tiempo para pasar un justo balance y, por consiguiente, cualquier conclusión sobre ganadores y perdedores puede ser prematura.

En todo caso, en el torrente de juicios adversos sobre la visita hay omisiones que no deben pasarse por alto. Es notable por ejemplo que los más obvios beneficiarios, los católicos cubanos, brillan por su ausencia de estos dictámenes reprobatorios. Algunos repiten sin cesar, y hasta con no oculta fruición, que los fieles de Roma son una minoría. Lo son, pero eso no es motivo para ignorar que ellos son los primeros favorecidos del encuentro con el Papa.

A la luz del receso laboral decretado por el Viernes Santo, no son solo los católicos quienes ganan sino también todos los cristianos cubanos. Aun con su carácter provisional (hasta tanto “los órganos superiores de la Nación” no lo hagan permanente), la declaración de esta importante fecha del calendario cristiano como feriado nacional es el primer resultado tangible de la visita del Papa. Por supuesto, permitir la enseñanza de la religión en las escuelas y universidades, otra de las demandas del pontífice, es harina de otro costal.

Algunos críticos pierden perspectiva al soslayar el aspecto religioso de esta visita y magnificar el político. El Papa fue a Cuba más que nada a fortalecer su grey, lo que parece estar consiguiendo. Su encuentro con Fidel Castro es parte de ese mismo objetivo y no debe interpretarse ligera y erróneamente como un aval al gobierno. Nuestra historia en los últimos 53 años demuestra que cualquier avance de la libertad de culto es fruto de las buenas relaciones con el Estado, no de antagonismos. Es así como se explica que el Papa se haya reunido con el mayor de los Castro, que – ¿hay alguien que lo dude? – aun en su decrepitud influye en las decisiones de su hermano.

El gobierno no se beneficia tanto de la visita como se afirma. Aunque de un lado y otro se trate de minimizar las palabras del Pontífice, en ellas se puso de manifiesto lo que está en falta en nuestro país: libertad, apertura, inclusión, reconciliación. Los medios de prensa internacionales transmitieron esos llamados, como también las imágenes de agentes o simpatizantes del régimen que golpeaban a un hombre por gritar abajo el comunismo antes de la misa en Santiago. ¿Es así como se logra legitimidad?

Quizás lo más difícil de entender es por qué el Papa no se encontró con ningún disidente, ni aun con aquellos de fe católica. Sin embargo, es falso que Benedicto XVI no haya tenido en cuenta su causa. ¿Cómo puede decirse seriamente lo contrario después de escucharlo abogar por un país en el que se respeten los derechos fundamentales, que sea casa de todos y para el bien de todos? En ese sentido gana también la oposición con la visita.

En medio del escepticismo que engendran las frustraciones de más de medio siglo, puede vislumbrarse la esperanza de que nos encaminamos hacia algo mejor. La ruta no será fácil pero lo que no deberíamos olvidar es que, si hacemos realidad las palabras de ese anciano tan vituperado y desconocido que ocupa la silla de Pedro, ganará Cuba.

Que Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos

El Papa Benedicto XVI acaba de terminar su visita a Cuba. Al partir nos dejó frases memorables en un discurso memorable. Si su antecesor, el venerado Juan Pablo II dijo “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, el Pontífice sella tres días en nuestro país expresando el deseo de que “Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad”. El Papa también pidió que nadie se vea impedido de construir una sociedad abierta y reconciliada por verse privado de sus libertades fundamentales.

Después de estas inequívocas palabras solo los ignorantes o los cortos de entendimiento pueden alegar que el Papa fue manipulado.

Por su importancia, reproduzco aquí el discurso.

Señor Presidente,
Señores Cardenales y queridos Hermanos en el Episcopado,
Excelentísimas Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos,

Doy gracias a Dios, que me ha permitido visitar esta hermosa Isla, que tan profunda huella dejó en el corazón de mi amado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, cuando estuvo en estas tierras como mensajero de la verdad y la esperanza. También yo he deseado ardientemente venir entre ustedes como peregrino de la caridad, para agradecer a la Virgen María la presencia de su venerada imagen en el Santuario del Cobre, desde donde acompaña el camino de la Iglesia en esta Nación e infunde ánimo a todos los cubanos para que, de la mano de Cristo, descubran el genuino sentido de los afanes y anhelos que anidan en el corazón humano y alcancen la fuerza necesaria para construir una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido. «Cristo, resucitado de entre los muertos, brilla en el mundo, y lo hace de la forma más clara, precisamente allí donde según el juicio humano todo parece sombrío y sin esperanza. Él ha vencido a la muerte – Él vive – y la fe en Él penetra como una pequeña luz todo lo que es oscuridad y amenaza»

Agradezco al Señor Presidente y a las demás Autoridades del País el interés y la generosa colaboración dispensada para el buen desarrollo de este viaje. Vaya también mi viva gratitud a los miembros de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, que no han escatimado esfuerzos ni sacrificios para este mismo fin, y a cuantos han contribuido a él de diversas maneras, en particular con la plegaria.

Me llevo en lo más profundo de mi ser a todos y cada uno de los cubanos, que me han rodeado con su oración y afecto, brindándome una cordial hospitalidad y haciéndome partícipe de sus más hondas y justas aspiraciones.

Vine aquí como testigo de Jesucristo, convencido de que, donde él llega, el desaliento deja paso a la esperanza, la bondad despeja incertidumbres y una fuerza vigorosa abre el horizonte a inusitadas y beneficiosas perspectivas. En su nombre, y como Sucesor del apóstol Pedro, he querido recordar su mensaje de salvación, que fortalezca el entusiasmo y solicitud de los Obispos cubanos, así como de sus presbíteros, de los religiosos y de quienes se preparan con ilusión al ministerio sacerdotal y la vida consagrada. Que sirva también de nuevo impulso a cuantos cooperan con constancia y abnegación en la tarea de la evangelización, especialmente a los fieles laicos, para que, intensificando su entrega a Dios en medio de sus hogares y trabajos, no se cansen de ofrecer responsablemente su aportación al bien y al progreso integral de la patria.

El camino que Cristo propone a la humanidad, y a cada persona y pueblo en particular, en nada la coarta, antes bien es el factor primero y principal para su auténtico desarrollo. Que la luz del Señor, que ha brillado con fulgor en estos días, no se apague en quienes la han acogido y ayude a todos a estrechar la concordia y a hacer fructificar lo mejor del alma cubana, sus valores más nobles, sobre los que es posible cimentar una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada. Que nadie se vea impedido de sumarse a esta apasionante tarea por la limitación de sus libertades fundamentales, ni eximido de ella por desidia o carencia de recursos materiales. Situación que se ve agravada cuando medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera del País pesan negativamente sobre la población.

Concluyo aquí mi peregrinación, pero continuaré rezando fervientemente para que ustedes sigan adelante y Cuba sea la casa de todos y para todos los cubanos, donde convivan la justicia y la libertad, en un clima de serena fraternidad. El respeto y cultivo de la libertad que late en el corazón de todo hombre es imprescindible para responder adecuadamente a las exigencias fundamentales de su dignidad, y construir así una sociedad en la que cada uno se sienta protagonista indispensable del futuro de su vida, su familia y su patria.

La hora presente reclama de forma apremiante que en la convivencia humana, nacional e internacional, se destierren posiciones inamovibles y los puntos de vista unilaterales que tienden a hacer más arduo el entendimiento e ineficaz el esfuerzo de colaboración. Las eventuales discrepancias y dificultades se han de solucionar buscando incansablemente lo que une a todos, con diálogo paciente y sincero, comprensión recíproca y una leal voluntad de escucha que acepte metas portadoras de nuevas esperanzas.

Cuba, reaviva en ti la fe de tus mayores, saca de ella la fuerza para edificar un porvenir mejor, confía en las promesas del Señor, abre tu corazón a su evangelio para renovar auténticamente la vida personal y social.

A la vez que les digo mi emocionado adiós, pido a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre que proteja con su manto a todos los cubanos, los sostenga en medio de las pruebas y les obtenga del Omnipotente la gracia que más anhelan.

¡Hasta siempre, Cuba, tierra embellecida por la presencia materna de María! Que Dios bendiga tus destinos. Muchas gracias.

La reafirmación de la intolerancia y la exclusión

“Cuando no lo hacen a la entrada, lo hacen a la salida”. Esta es una de las frases con las que en Cuba se manifiesta el menosprecio hacia nuestros conciudadanos negros por su supuesta incapacidad para comportarse apropiadamente en público. Sacando la expresión de su contexto racista, esta podría aplicarse al gobierno cubano durante la actual visita del Papa a la Isla.

Tal como esperábamos, Benedicto XVI nos ha instado a la concordia y la reconciliación necesarias para el progreso que anhelamos. Sin embargo, desde el mismo momento de su arribo, las palabras de los gobernantes han sido como un balde de agua fría ante los llamados del pontífice. Raúl Castro lo recibió con un discurso nada nuevo en el que repitió las consabidas posiciones oficialistas sobre el país víctima de la agresión de Estados Unidos y los éxitos del trabajo social de la Revolución. La retórica del actual presidente sonó paladinamente falsa cuando afirmó que su gobierno había hecho valer la máxima martiana de “con todos y para el bien de todos”. Poco después, en la misa de Santiago se retomó la frase para pedirle a Dios que las autoridades gobernaran sin exclusión. Como para neutralizar cualquier expectativa, el Vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, aclaró en conferencia de prensa que las reformas del sistema no serán políticas. Es decir, lo que nos había dicho Raúl en la Conferencia del Partido Comunista en enero de este año: en Cuba no se permitirán otros partidos que el suyo.

La confirmación del credo castrista parece ser la única reacción a mano para contrarrestar lo que a oídos de los gobernantes debe interpretarse como un desafío a su régimen de ordeno y mando. Lo peor, sin embargo, no ha sido que muestren su nula disposición a construir la sociedad abierta y renovada a la que nos convoca el pontífice sino que, sin empacho alguno, continúen recurriendo a la violencia para silenciar a sus críticos. El incidente en que un joven fue golpeado por gritar consignas antigubernamentales antes de la misa de Santiago reveló al mundo lo que bien sabemos los cubanos. Cuando se trate de acallar al contrario, el arsenal de la represión en Cuba seguirá contando también con arrestos, intimidación y hasta el bloqueo de teléfonos celulares, como hemos visto antes y durante la visita del Papa.

El grupo gobernante tiene una oportunidad para iniciar una transición pacífica hacia un sistema democrático que evite los peligros de un colapso del que implantaron en Cuba. Su ceguera y egoísmo es tal que prefieren no hacer nada antes que perder la más mínima cuota de poder. Tal parece que en este caso, y por naturaleza, no lo harán ni a su salida.

El Papa en Cuba: entre la discordia y la reconciliación

La visita que Benedicto XVI se dispone hacer a Cuba está inmersa en una controversia política, como pocas en los casi siete años de su pontificado. Si bien sus viajes anteriores no han estado exentos de críticas, protestas y hasta amenazas, esta vez el Papa se ha visto convertido en una suerte de manzana de la discordia entre nosotros los cubanos.

Algunos de nuestros disidentes quieren que el Obispo de Roma los reciba y escuche sus justificadas quejas sobre la falta de libertades y la represión de quienes las reclaman. Los gobernantes, por su parte, ya advirtieron a través de su embajador ante el Vaticano que una reunión del Papa con los opositores no será de su agrado. Lo más probable es que este encuentro nunca tenga lugar. Según el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, no hay espacio para él en la agenda del Pontífice. Para alterar más ciertos ánimos, es posible que el Papa se reúna con el ex presidente Fidel Castro.

Que una visita que debería ser estrictamente religiosa haya adquirido tan acentuado cariz político era inevitable en las condiciones de Cuba. Se debe también en gran medida al polémico papel que ha asumido la jerarquía católica cubana en los últimos años.

En todo caso, recibir o no a una representación de la oposición es solo parte del dilema del Papa en Cuba. Por un lado debe estar satisfecho con los avances de la Iglesia cubana desde la visita de su predecesor Juan Pablo II en 1998. Pero también debe preocuparle, como hombre bien informado, las sospechas de que el cardenal Jaime Ortega coopera más de lo necesario con el gobierno.

Benedicto XVI sabe que las concesiones de ese Estado que fue hostil durante décadas, aunque más que bienvenidas, no son gratuitas. Los Castros no han ido a Canosa, ni tienen la intención de hacerlo. A cambio de un seminario, procesiones, más sacerdotes y monjas extranjeros y vía libre a la obra social de la Iglesia, esperan granjearse una buena imagen internacional y que la jerarquía católica se abstenga de censurar su gobierno. Es un arreglo que conlleva ganancias pero también riesgos para el prestigio de la institución que dirige.

Como solución a nuestras diferencias el Papa nos propondrá el camino de la reconciliación: ningún mensaje es más relevante y urgente en el año en que conmemoramos cuatro siglos del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad, patrona de Cuba. No escucharlo será suicida porque esta es sin duda la vía más sensata para salir del atolladero en que nos encontramos como nación. Lamentablemente los arrestos y el hostigamiento de Damas de Blanco y otros disidentes en los últimos días no son un buen augurio. El milagro de abrirnos a nosotros mismos, si alguna vez sucede, está todavía lejos.

Liberado José Daniel Ferrer

Poco después de publicar la entrada anterior, me entero de la liberación de José Daniel Ferrer. Según él, fue detenido violentamente y pasó tres días en huelga de hambre.

Es una buena noticia que lo hayan liberado. Lamentablemente sobre él y el resto de los opositores cubanos pende la amenaza de la cárcel mientras existan leyes represivas.

¿Dónde está José Daniel Ferrer?


A todo aquel que crea en la Libertad debiera preocuparle la suerte de José Daniel Ferrer, un activista opositor cubano detenido en La Habana el 21 de febrero y, hasta ahora, en paradero desconocido. Amnistía Internacional y la Organización Mundial contra la Tortura han hecho llamados de urgencia para que se le ponga en libertad. Por ahora el gobierno de Cuba se hace el desentendido.

Ferrer es uno de los presos de conciencia excarcelados en 2011 tras gestiones de la Iglesia Católica. El fue uno de los pocos que decidieron quedarse en la Isla. En lugar de mantenerse en silencio, José Daniel continuó lo que considera como un deber: la constante denuncia de la represión en el oriente del país y la coordinación de protestas, siempre pacíficas, a través de su Unión Patriótica de Cuba.

El dirigente opositor ha estado desde hace mucho en la mira del Ministerio del Interior cubano. Recientemente uno de los escribanos asalariados del oficialismo no ahorró insultos para denigrar a Ferrer, a quien incluso sindicó como responsable de la muerte de Wilman Aguilar Mendoza. Por supuesto, nadie que conozca la forma de actuar del régimen cubano se cree tan repugnantes invectivas.

La culpa de José Daniel es haber desafiado a las autoridades cubanas por hacer valer el derecho a militar en el partido de su elección. Por ello está en peligro de regresar a la cárcel para continuar purgando una arbitraria condena de 25 años.

Así y todo le disgusta al gobierno de Cuba que le llamen dictadura.

Detengan la masacre

De tres mil a siete mil muertos. Y hasta más. La cifra depende de quien lo dice: organizaciones de derechos humanos, la oposición siria, el mismo régimen de Bachar el Asad, contra quien se hace una revolución. Contra una dictadura heredada y 41 años de falta de libertad.

A golpe de balas y bombas intenta Asad doblegar Homs, tercera ciudad de Siria y centro de la rebelión. No le importan las condenas de los árabes, de Estados Unidos, Europa, Turquía y la mayor parte del mundo. Detrás del tirano, Irán. Con él, Rusia. China, que presta veto a su favor. Y lo defienden, ciegos y sordos de conveniencia, triste comparsa, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

Ya se sabe que Siria es diferente de Libia, que es mucho más complicado intervenir… pero, señores, ¿cuántos más morirán antes de que alguien haga algo para poner fin a esta masacre?

Dilma y los derechos humanos


Dilma Roussef entró como una suerte de enigma en el Palacio de Planalto el primero de enero de 2011. La pregunta que muchos se hacían entonces era ¿cuán diferente sería como presidenta de su antecesor y padrino político Luiz Inácio da Silva en la arena internacional? Hoy, a trece meses de gestión, si hay algo que la distingue de Lula es su alejamiento de Irán, sobre todo por las violaciones de los derechos humanos en aquel país. Sin embargo, su sensibilidad en este aspecto tiene límites, como se evidenció en su reciente viaje a Cuba.

Consciente de la polémica que esperaba a la Roussef, su canciller, Antonio de Aguiar Patriota, señaló antes de la visita que la situación de los derechos humanos en Cuba no es urgente. Con el escenario preparado, la mandataria hizo al llegar a La Habana unas declaraciones en las que evitó referirse al caso cubano. En su lugar, Dilma manifestó que el tema debe verse desde una perspectiva multilateral y añadió que ningún país del mundo está libre de culpa. Y recurrió a la metáfora: “el que tira la primera piedra, tiene techo de vidrio”.

El cuidado de la presidenta en no aludir a Cuba contrastó con su mención de Estados Unidos y de su base naval en Guantánamo. El diario brasileño O Estado de Sao Paulo lo juzga como una torpeza. Según este influyente medio de prensa, Dilma no lanzó una piedra pero sí un torpedo contra los norteamericanos. Desacierto verbal o no, las palabras de Roussef no deben juzgarse a la ligera: ellas reflejan la posición de un país que por su economía hoy emerge como una potencia regional.

Era iluso esperar que Dilma se reuniera con los disidentes cubanos o que incluso se solidarizara de lejos con ellos, aunque fuera enfatizando su compromiso con el respeto de los derechos humanos en todo el mundo. El guiño que esperaba la bloguera Yoani Sánchez fue en otra dirección, a los gobernantes de Cuba. La presidenta brasileña simplemente se hizo eco de los argumentos del gobierno de los Castros que, ante las críticas por la falta de libertades en Cuba, responde con contracusaciones sobre los problemas de derechos humanos en otros países.

La filiación política de Dilma es determinante en su actitud hacia Cuba. El gobernante Partido de los Trabajadores, el PT, nunca ha escondido su cercanía con el gobierno cubano. En lo que atañe a la Isla, la izquierda latinoamericana de la que el PT es parte, no puede ver más allá del diferendo con Estados Unidos. Añádase que la presidenta no parece contar en su entorno con alguien que le ayude a despojar el asunto de su carga ideológica, al contrario. La Secretaria de Derechos Humanos, Maria do Rosário, una ex militante del Partido Comunista, habría declarado que el problema de Cuba es el embargo norteamericano.

Dilma tuvo también un poderoso motivo para no decir nada que molestara a sus anfitriones: fue a hacer negocios. Las empresas brasileñas, en expansión por el mundo, ven a Cuba como un potencial generador de ganancias. Lo refleja el hecho de que el comercio entre los dos países va en aumento.

La presidenta de Brasil sentenció en La Habana que los derechos humanos no deben convertirse en una arma de combate político-ideológico. ¿Habrá alguien que le diga que tampoco deberían ser sacrificados por prejuicios ideológicos o intereses comerciales?

¿Cuántos más como Wilman Villar y Orlando Zapata?

Los hechos que llevaron a la muerte del disidente Wilman Villar Mendoza en huelga de hambre de 50 días han sido documentados en un video dado a conocer en varias páginas de internet. Dos personas que lo conocieron bien, su viuda y el opositor José Daniel Ferrer, desmienten la versión del gobierno, según la cual Wilman era un delincuente común que no murió a consecuencia de un ayuno de protesta.

Las Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional hizo un llamado para que se le permita investigar las circunstancias en que falleció Wilman. Como era de esperar, el pedido ha caído en oídos sordos: ninguna indagación independiente será posible porque las autoridades no tienen ningún interés en que se conozca más sobre los maltratos en las cárceles de Cuba.

Que Wilman haya muerto demuestra que el régimen no aprendió la lección con el fallecimiento de Zapata hace casi dos años. Lo más probable es que tampoco ahora cambie sus métodos de lidiar con presos en rebeldía. Otros cubanos pueden correr la suerte de Wilman y de Zapata.

Debe ser labor de quienes nos decimos interesados en el bien de Cuba recordarle a sus gobernantes en cuanto foro internacional sea apropiado que los dos casos no están cerrados. Esa es quizás la única forma de evitar que otros compatriotas tengan el mismo fin.

La muerte de Wilman Vilar Mendoza

El gobierno de Cuba tiene en su haber un muerto más. Se llama Wilman Vilar Mendoza y murió ayer en un hospital del oriente del país como resultado de una huelga de hambre, su único recurso para protestar contra una condena a cuatro años de cárcel. El delito había sido organizar una manifestación en Contramaestre, un pueblucho que es muestra del abandono y la falta de oportunidades que se hacen más evidentes en el interior de la isla.

Con Wilman, el régimen quiso dar un escarmiento. Su mensaje a los opositores fue que castigaría las expresiones de descontento en público. Sin embargo, los gobernantes cubanos no contaban con un nuevo Orlando Zapata.

El fallecimiento de Zapata en febrero de 2010 tuvo un alto costo para el gobierno, que vio deteriorarse aun más su imagen en el extranjero. Consciente de ello, Raúl Castro vio la conveniencia de liberar a decenas de presos políticos meses después.

El régimen intenta neutralizar ya los efectos negativos de la muerte del disidente. Sus servidores no perdieron tiempo en denigrarlo, presentándolo como un delincuente común. Es el mismo guión que aplicaron en el caso de Zapata. Es probable entonces que en algún momento propongan a la viuda de Villar Mendoza que abandone el país, como hicieron con la madre de Zapata y otros familiares.

Wilman murió cuando desde el poder se intenta propagar la idea de que Cuba cambia para mejor.Más embarazoso para el gobierno aun es que haya perdido la vida a casi dos meses del viaje del Papa a la isla.Como es de suponer, en los cálculos de Raúl Castro debe estar que la visita de Benedicto XVI contribuya a darle al país un aura de normalidad a nivel internacional. El disidente muerto hace ya lo contrario.

Ahmadineyad, dishonoris causa

Mahmud Ahmadineyad con el Rector de la Universidad de La Habana, Gustavo Cobreiro Suárez.


El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, fue investido Doctor Honoris Causa en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana durante su breve visita a Cuba, una de las etapas de su reciente gira latinoamericana. De esa forma, el gobierno cubano quiso reciprocar un título similar conferido a Fidel Castro por la Universidad Tarbiat Modaris de Teherán en mayo de 2001.

En el homenaje a Ahmadineyad, las autoridades cubanas le cedieron el podio del Aula Magna para que pronunciara una “conferencia magistral” que fue en realidad una soflama antimperialista en la que el jefe de gobierno iraní vaticinó el fin del capitalismo. Su discurso seguramente gustó a sus anfitriones, en especial a Fidel Castro que se tomó tiempo para departir con él en extenso.

A todas luces, la visita no trae ningún provecho para Cuba, como no sea mostrar a un Fidel Castro alerta y muy al tanto de la actualidad tras los recientes rumores sobre su muerte. Por cierto, el encuentro con Ahmadineyad le sirvió al ex gobernante para escribir una de sus acostumbradas advertencias catastrofistas sobre el destino de la humanidad. Como se sabe, en estos días crecen las tensiones entre Estados Unidos e Irán por la insistencia del régimen de los ayatolas en desarrollar un programa nuclear.

La invitación a Ahmadineyad, precisamente ahora, es un dislate que solo se explica por la cercanía de la política exterior de los Castro a la de su valedor, Hugo Chávez. Sin embargo, más allá de los riesgos de la amistad estratégica con uno de los enemigos del archienemigo, el cálido recibimiento al presidente iraní en La Habana es sobre todo moralmente reprobable.

Ahmadineyad, a quien por cierto le queda aproximadamente un año y medio en el cargo según la constitución de la República Islámica, – ¿hay que recordarlo? – representa una estado oscurantista que sanciona el sometimiento de las mujeres, la persecución y ejecución de homosexuales y la aplicación de severos castigos al disenso. Este personaje niega el Holocausto judío, lanza todo tipo de amenazas contra Israel y considera al cristianismo y el judaísmo como “desviaciones”.

Por supuesto, el gobierno de Cuba está bien informado sobre quién es Ahmadineyad y qué simboliza. Aun así, decidió agasajarlo. Para ello, ordenó que una universidad que en su momento acogió como suyo lo más avanzado del pensamiento occidental, honrara a un individuo cuyo único mérito es tener una retórica y propósitos afines a los de Fidel Castro.

Otorgarle a Ahmadineyad la distinción de Profesor Honoris Causa entra en el abultado catálogo de absurdos que ha caracterizado al castrismo; es un baldón que deberá corregir la Universidad de La Habana, cuando en un distante futuro recupere su autonomía y sea por lo tanto inmume a controles políticos.

Eliecer tendrá que esperar

El presidente Raúl Castro no anunció las reformas a la política migratoria, a pesar de las expectativas que en gran medida crearon algunos servidores de su gobierno. En un discurso ante los diputados de la Asamblea Nacional, el general se limitó a reafirmar su compromiso con los cambios que, según dijo, serán paulatinos. El menor de los Castro justificó la demora en el levantamiento de las restricciones a la libertad de viajar de los cubanos con el argumento de que Estados Unidos persiste en sus intentos por desestabilizar su régimen.

Es evidente que hacer de Cuba un país “normal” en el tema de migración es un asunto demasiado sensible para los gobernantes cubanos. Dados los temores a los que alude el actual mandatario, es probable que cualquier modificación en materia migratoria en el futuro sea mínima.

Algo que no queda claro – ¿hay algo que alguna vez sea claro en las decisiones del gobierno de Cuba? – es porqué fomentar las expectativas de una reforma para luego echar un cubo de agua fría sobre ellas.

Un bloguero que firma con el seudónimo de Yoandry, aparentemente miembro de la Seguridad del Estado y con conexiones al más alto nivel en el aparato de propaganda oficial, no tenía dudas de que el anuncio de los cambios vendría ayer viernes. Con euforia, este señor se refería a la inminencia y amplitud de la reforma. En alusión al joven informático Eliecer Avila, dijo: “…el socio aquel ya puede ir a las Pirámides de Egipto, como le pedía a Alarcón en la UCI”. Se equivocó, Eliecer tendrá que esperar.

El mismo defensor del gobierno dio a conocer que el Consejo de Ministros abordó la cuestión migratoria en una reunión a puertas cerradas el pasado martes. ¿Fue allí donde se determinó dar marcha atrás al anuncio? ¿Habrá influido Fidel Castro en la decisión, habida cuenta de que todo se le consulta al “Oráculo”, como le dicen en familia?

Una vez más queda demostrado que aquel gobierno nunca llega cuando se trata de las aspiraciones de los cubanos.

¿Qué esperar de la reforma migratoria?

Hacia finales de la década de los noventa, una funcionaria de alto rango del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba visitó la BBC. Después de ser entrevistada en uno de los estudios del Servicio Latinoamericano, una colega chilena tuvo a bien presentarme.

- Viceministra, Fernán es cubano.

La señora extendió la mano y a la vez, en un tono frío, puso distancia:

- ¿Usted nació en Cuba?

- Sí, soy cubano, reafirmé.

El encuentro terminó ahí. Era evidente que la mujer andaba con prisa.

El breve intercambio me recordó que, para el gobierno de Cuba y sus representantes, los que emigramos dejamos de ser ciudadanos. La diferencia entre “haber nacido” o “ser” puede escapar a un extranjero pero no a quienes hemos recibido un trato discriminatorio por vivir fuera de la Isla que comienza con la imposibilidad de regresar definitivamente y continúa con la humillante solicitud de entrada a nuestro propio país, además de los abusivos cobros por ese y otros trámites como la extensión del pasaporte cada dos años o la “carta de invitación”, que es obligado requisito para que un familiar u amigo nos visite.

De confirmarse las expectativas, es posible que el presidente Raúl Castro anuncie hoy ciertos cambios en la restrictiva política migratoria que heredó de su hermano. Algunos defensores del régimen aseguran que serán tan de largo alcance que sus críticos se verán privados de argumentos. Cuanto menos, Cuba volvería a ser un país del que sus ciudadanos podrán salir y al que podrán regresar cuando lo consideren conveniente. Algo así como bienvenidos a la normalidad después de medio siglo de prohibiciones y cortapisas.

Dentro de unas horas quizás sabremos cuán profunda es la reforma migratoria: ¿se eliminarán los permisos de entrada y salida?, ¿se levantará la prohibición de viajar al exterior por motivos políticos?, ¿se anularán las trabas por la mismas razones que impiden el regreso de un buen número de cubanos?, ¿se derogarán los exagerados gravámenes consulares?, ¿se permitirá que los emigrados volvamos para residir en el país todo el tiempo que deseemos? ¿se nos autorizará invertir, tener nuestros propios negocios y contribuir con nuestras iniciativas al desarrollo de nuestras comunidades?

Al parecer algunas de las restricciones seguirán vigentes. El mismo gobierno, a través de sus simpatizantes abiertos o solapados, ya ha dejado saber que habrá límites en los viajes al extranjero para evitar la fuga de cerebros, una de sus obsesiones.

Las modificaciones en las leyes migratorias son producto más de las necesidades del régimen que de su buena voluntad para enmendar una política absurda. El mismo Raúl Castro, al referirse a los cambios que estaría a punto de dar a conocer, dijo que estos se deben a que las condiciones ya no son las mismas de antes. Según él, la mayoría de los cubanos que emigra en la actualidad lo hace por motivos económicos. Y si bien tiene razón, lo que no dice el gobernante es que al país le hace falta el dinero de sus hasta ahora maltratados emigrados. Esa y no otra es la verdadera razón de esta reforma.

Vaclav Havel y Kim Jong-il, en sus palabras

Vaclav Havel y Kim Jong-il murieron este fin de semana. Uno es antítesis del otro: el checo fue un liberador sin ínfulas; el coreano, un dictador sin recato. Dos contemporáneos que dejan huella en nuestra época.

¿Qué mejor para explicarlos que sus propias palabras?

Vaclav Havel

- La vida no puede ser destruida a perpetuidad como tampoco se puede detener la historia por completo. (Carta abierta al Secretario General del Partido Comunista Gustav Husák, 1975).

- Si todos los días un hombre cumple las órdenes de un superior incompetente, si todos los días realiza solemnemente los actos rituales que en privado halla ridículos, si responde en cuestionarios contra sus opiniones reales y está dispuesto a negarse a sí mismo en público, si no le resulta difícil simular simpatías o incluso afecto cuando en realidad siente indiferencia o aversión, no implica necesariamente que haya perdido por completo el uso de uno de los sentimientos humanos básicos, el de la humillación. (Carta a Gustav Husák, 1975).

- Uno no se hace “disidente” solo porque decide un día seguir esa carrera tan inusual. Uno se lanza a ella por el propio sentido de la responsabilidad combinado con un compleja serie de circunstancias externas. A uno lo expulsan de las estructuras existentes y lo colocan en una posición de conflicto con ellas. Comienza con un intento de hacer bien su trabajo y termina con un rótulo de enemigo de la sociedad. (El poder de los sin poder, 1978)

- El ejercicio del poder es determinado por miles de interacciones entre el mundo de los poderosos y el de los sin poder, tanto más porque estos mundos no están divididos por una clara línea: todos tienen una pequeña parte de sí mismo en ambos. (Perturbando la Paz: Una conversación con Karel Hvizdala, 1986)

- El régimen anterior, armado de su ideología arrogante e intolerante, redujo el hombre a fuerza de producción y la naturaleza a medio de producción. Al hacerlo, atacó tanto su esencia como la relación entre ambos. Convirtió gente talentosa e independiente que trabajaba con destreza en su propio país en tuercas y tornillos de una máquina monstruosamente gigantesca, ruidosa y maloliente cuyo verdadero propósito no le estaba claro a nadie. (Discurso de Año Nuevo a la Nación, 1990)

- Todos nos acostumbramos al sistema totalitario y lo aceptamos como una realidad inalterable. Así ayudamos a perpetuarlo. En otras palabras, todos somos, aunque en diferente medida, responsables del funcionamiento de la máquina totalitaria. Ninguno de nosotros es solo víctima. Todos somos sus co-creadores. (Discurso de Año Nuevo a la Nación, 1990)

Kim Jong Il

- Un hombre que teme las pruebas y las dificultades no puede llegar a ser revolucionario. Tiene que templarse en la ardua lucha desde su juventud para ser un revolucionario de espíritu infatigable y combatiente. Como dice el refrán, la formación temprana vale más que la formación tardía.

- El Líder, el Partido y las masas forman una comunidad en que comparten el destino, la vida y el riesgo de la muerte.

- Para la revolución el líder es el cerebro, el partido su Estado Mayor y las masas populares sus artífices.

- Cuando hay un gran líder, un gran partido y una genuina patria, brilla la nación, lo mismo que el destino y honor de cada uno de sus integrantes.

- Pensar en la victoria de una revolución sin líder, es pensar en una flor sin sol.

- Las masas que no son dirigidas por un líder inteligente son iguales a un cuerpo sin cerebro.

- Si el líder no tiene convicción y voluntad inconmovibles, el pueblo vacila y entonces se hace imposible salvaguardar la revolución.

- Nuestro Partido es como una genuina madre que orienta y atiende al pueblo con la política de amor y confianza, política de virtudes.

- Si se trabaja bien con el hombre se puede derribar un monte y secar un mar.

- Si en este mundo existe un ser omnisciente y omnipotente, ese es precisamente las masas populares.

- Los talentos se encuentran entre las masas.

- La solución ingeniosa de los problemas pendientes reside en la mente de las masas.

- Quien se mueve por la mente ajena y baila al compás de otros es un pobre servidor político.

- El movimiento socialista es un gran movimiento de las masas populares para crear un nuevo mundo independiente.

- El socialismo pertenece al pueblo. Traicionarlo es traicionar al pueblo.

- La degeneración del socialismo es de carácter clasista.

- Donde hay lucha existe vida y donde vida existe deben haber emociones y romanticismo.

- Una gran ideología acarrea una gran época.

- Tal como en un charco se multiplican los microbios,es inevitable que en un lugar sin control se propaguen ideas caducas de toda índole.

- Vivir con albedrío no es libertad, sino libertinaje.

- Lo que aplauden los enemigos, ya significa que está degenerado.

- El funcionario reconocido como bonachón es un remolón en el trabajo.

- El pitido de la locomotora es la respiración y el latido de la Patria.

- Al enemigo hay que matar primero con la cabeza y luego con el fusil.

(De Frases célebres de Kim Jong-il, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pyongyang 2008)

Los méritos y peligros de ser Eliecer Avila

- “Y yo que había perdido la esperanza con los jóvenes cubanos”, le dije en un tuít a Aguaya, quien escribe el blog Desarraigos Provocados.

- “Y ya ves”, me respondió.

De verdad, hay que ver que el ingeniero informático Eliecer Avila Cicilia, de 25 años, me ha sacado de cierto e inevitable pesimismo sobre el futuro de Cuba. Para quienes siguen las noticias que vienen de allá, Eliecer no necesita presentación: fue el muchacho de las preguntas incómodas al presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, en la Universidad de Ciencias Informáticas en 2008.

Era lo que millones de cubanos querían y todavía quieren saber: cuándo podrán viajar libremente, cuándo acabará la doble moneda, etc. Ya sabemos el ridículo que hizo el titular, aparentemente vitalicio, de la presidencia del seudoparlamento que tenemos en la isla.

Eliecer ha salido ahora de la oscuridad de su Puerto Padre natal donde se ha venido ganando la vida recientemente como vendedor de helados. En una entrevista con Antonio G. Rodiles, director y conductor de Estado de SATS, Avila dice valientemente unas cuantas verdades sobre la realidad cubana.

La claridad de sus planteamientos y su elocuencia son de admirar si se tiene en cuenta que pocos de sus contemporáneos en el país parecen interesarse en política. Hasta ahora la inmensa mayoría de la juventud cubana, incluso la que emigra, se interesa más que nada en resolver sus necesidades materiales y las de sus familias.
Es notable también que Eliecer sea de origen campesino, un guajiro, del atrasado oriente del país.

Hay que suponer que el gobierno intente evitar que cunda el ejemplo. Los desengañados son peligrosos, sobre todo si son jóvenes, audaces y saben comunicar sus ideas. Esperemos, con optimismo, que Eliecer no sea víctima de hostigamiento, campañas de descrédito o cualquier otra forma de persecución.

No puedo dejar de incluir en este blog los videos de la conversación entre Eliecer y Rodiles. El que tenga ojos para ver…

En un campo de muerte del jemer rojo

Los carteles publicitarios pueblan la carretera que va de Phnom Penh a Choeung Ek. Anuncian bebidas, cigarrillos, candidatos a puestos públicos. Tiendas, mercados, cafés, pagodas pasan en sucesión frente a la ventanilla del taxi que se mueve en un tráfico sin tregua, asiático. Trato de aliviar mi ansiedad por lo que voy a ver. Pienso en la Camboya de hoy, tan diferente de la que querían construir Pol Pot y su banda de asesinos. Tarde o temprano el mal pierde, me digo. Miro a los niños y jóvenes para los que los campos de exterminio del jemer rojo son, si acaso, un horror de una era lejana aunque solo fue hace 32 años.

La inquietud, que nunca me dejó, se hace más perceptible a medida que nos acercamos. El auto vira hacia la antigua huerta y cementerio de la comunidad china convertido en matadero, en un Seol. Pienso en las decenas de miles de seres humanos, dicen que diecisiete mil, que condujeron por aquí a una muerte horrible. Los restos de algunos de ellos, calaveras y tibias, descansan como reliquias en esa estupa que ya se divisa.

Descalzos, como se nos pide, damos la vuelta a la estupa. Intento una oración en silencio que mal sale. ¿Paz? La muerte aquí es dueña. Flota perenne sobre ese terreno del que salen todavía huesos y jirones de ropa de las víctimas. El árbol en el que, según dicen, destrozaban los cráneos de los niños todavía se alza allí. Caminamos entre las tumbas colectivas evitando pisar todo lo que nos pareciera haber sido parte de un ser humano.

Dejamos Choeung Ek después de casi dos horas para hacer el camino inverso de los condenados. Nos dirigimos a la antigua cárcel S 21, hoy Museo del Genocidio Tuol Sleng, una escuela secundaria convertida en centro de tortura y antesala del infierno de Choeung Ek.

En las antiguas aulas se exhiben las herramientas de tormento y fotos de los que iban a morir, tomadas por los verdugos. Son miradas de espanto y resignación. Algunas son, incluso, desafiantes. Una en especial me conmueve, la de una mujer con una bebé en brazos. Era al parecer la esposa de un funcionario que cayó en desgracia. La imagen viene con una fecha, 14 de mayo de 1978. Pienso en la muerte de la madre y su hija en el campo de exterminio que acabamos de visitar. La niña de haber vivido tendría hoy la edad de mi compañero.

La justicia ha demorado demasiado para los casi dos millones de muertos. Los vietnamitas pusieron fin a la barbarie en 1979 pero desde entonces solo uno de los responsables, Kaing Guek Eav, ha sido condenado por sus crímenes. Eav, conocido como Camarada Duch y quien era el director de la prisión S 21, cumple una pena de 35 años de cárcel, reducida a 19 años.

El juicio de otros tres comenzó hoy. Son el repulsivo Nuon Chea alias Hermano Número Dos, el ex jefe de estado de la llamada Kampuchea Democrática, Khieu Samphan y su ministro de Relaciones Exteriores, Ieng Sary. Se les acusa de genocidio y crímenes contra la humanidad. Sin embargo, cualquier castigo que se imponga a estos octogenarios, nada arrepentidos al parecer, será casi simbólico: por su edad nunca llegarán a purgar del todo sus condenas.

La justicia nunca estará completa. Pol Pot, quien ideó y presidió aquella sangrienta utopía comunista, murió en 1998 sin haberse sentado ante un tribunal. Es poco probable que los miles o decenas de miles de camboyanos que mataron o torturaron siguiendo sus órdenes tampoco vayan a juicio.


En Choeung Ek





El fin de Muamar Gadafi

Muamar Gadafi no tuvo la muerte heroica que había prometido. Pocos dictadores la tienen. Su fin se parece más al de Mussolini, detenido por los partisanos italianos cuando intentaba huir a Suiza. Al menos, dicen que el Duce se abrió la camisa y pidió que le dispararan al pecho. Cuentan que el Hermano Líder, como se hacía llamar el ex déspota de Libia, apeló a la clemencia de sus captores. Esperaba una compasión que no tuvo con sus oponentes en los cuarenta y dos años que fue dueño y señor de aquel país.

Fue un desenlace ignominioso: lo sacaron de una cloaca, lo mataron sin miramientos y pasearon su cadáver como el mayor trofeo. Los medios nos avisan que las imágenes son brutales. Es cierto, lo son; pero mucho menos, infinitamente menos, que la violencia y el terror que caracterizaron su gobierno. Nada comparables, por ejemplo, a los restos carbonizados de presos políticos, muertos o heridos a granada y quemados en una cárcel de Trípoli.

Conocida es la sevicia del gadafismo aunque todavía queda mucho por documentar sobre las torturas, los asesinatos, los actos de terrorismo más allá de las fronteras de Libia ordenados por un tirano delirante, cuyo último desvarío le costó la vida. Creer que podría organizar una resistencia de sus partidarios lo llevó a parapetarse en Sirte, en lugar de ponerse a buen recaudo en Argelia o Zimbabue. De nada sirvieron sus desesperados llamados a la rebelión.

Los dictadores que quedan en el mundo deberían tomar nota de una lección de la historia que se repite: los regímenes que presiden, por férreos, violentos y económicamente solventes que sean, caen tarde o temprano.

Indignados

Manifestantes en Londres, foto de Business Insider.

Cambio. Claman cambio. De Santiago a Tokio, de Vancouver a Auckland. En Londres y en Madrid, ¿cómo no? Cambio ahora. Cambio ya. Global.

Son los indignados, los que dicen estar hartos de un sistema que hace más pobres a los pobres y más ricos a los ricos.

Los ricos: esa mínima minoría tiburón voraz e insaciable inmune a las crisis. Crisis: ese embarro en que los ricos nos meten. Los pobres: los embarrados de siempre pero más embarrados en las crisis. El argumento, en simple síntesis.

Rich, beware: your days are numbered!

Los vieron desfilar en 900 ciudades. Son, dicen ser, del 99%.

Ocupen, ocupen, ocupen. Exijan, háganse oir, plántense.

Banqueros avaros; políticos ineptos, corruptos, cómplices; adoradores de Mammón: ¿escuchan?

Silencio.

Los inconformes no tienen ruta. La indignación es líquida; lo dijo Zigmunt Bauman.

Con razón, indignados.

Y abran los ojos: el barco hace agua pero no hay otro.

Laura Pollán no descansará en paz

Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, murió hace unas horas de un paro cardíaco en La Habana. Un agresivo virus hizo estragos en sus pulmones. Por si fuera poco, el dengue, que al parecer recorre la isla en estos días ante el silencio de las autoridades, quebrantó aun más su salud. Fue demasiado para una diabética e hipertensa de 63 años.

Durante ocho largos años, Laura se atrevió a desafiar a un régimen que infunde miedo entre los cubanos. La impelía, más que nada, lograr la libertad de su esposo, Héctor Maseda, uno de los disidentes arrestados y condenados a largas penas de cárcel en la Primavera Negra de 2003. Sin embargo, el regreso de Héctor el año pasado no mitigó su compromiso con la causa de los derechos humanos. Es así que rechazó el exilio y se propuso continuar exigiendo libertad.

Ni golpes, ni empellones, ni amenazas, ni insultos, ni detenciones, ni campañas de descrédito -algunas de las armas del poder para acallar a sus opositores- hicieron mella en la determinación de Laura. Al contrario, esta profesora de español desempleada mantuvo vivo su movimiento de mujeres que, empuñando solo gladiolos, siguieron marchando en silencio después de misa cada domingo.

Laura ya no tendrá que sufrir las consecuencias de su oposición a un gobierno dictatorial. Sin embargo, tengo la impresión de que por dejar tanta obra inacabada, y a pesar de nuestros deseos, no descansará en paz. Y tal vez sea mejor así: que no repose en nuestras malas conciencias.

Con Cuba a cuestas

Este pudo ser un domingo tranquilo. Habría podido continuar leyendo Freedom, la novela de Jonathan Franzen, con sus personajes tan comunes y corrientes que parecen gente conocida y de narración tan ágil, tan cinematográfica. O habría podido irme a caminar con N por el bosque de Epping y así cumplir con un ejercicio físico postergado. O tal vez habría podido ver alguna de las películas de estreno en Londres. Sin embargo, Cuba me tuvo sentado ante la pantalla del ordenador una buena parte del día. Lo admito: soy uno de esos emigrantes que no puede dejar de estar pendiente de su país de origen.

Porque ¿cómo no pensar hoy en Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, grave en un hospital de La Habana? Una ex profesora de secundaria que luchó durante casi siete años por la libertad de su esposo, Héctor Maseda, soportando los más groseros actos de intimidación ordenados por el gobierno cubano. Una diabética de 65 años de edad que haciendo derroche de los que nos falta a millones reafirmó hace poco su compromiso y el de las mujeres de su organización con la defensa de los derechos humanos en Cuba. Con razón el escritor Andrés Reynaldo las considera damas de la redención.

¿Cómo no temer por trece de ellas, arrestadas hoy en el oriente del país para impedirles asistir a una misa en la catedral de Santiago de Cuba? Son detenciones que demuestran que la orden a las fuerzas represivas es no permitir otro foco de protesta, aunque sea pacífico y simbólico, al estilo de las caminatas por la Quinta Avenida de La Habana.

¿Cómo no preocuparse porque el número de cubanos que abandona la isla de forma ilegal se haya duplicado en los últimos doce meses, después de un descenso en los últimos tres años? Centenares arriesgaron sus vidas a cambio de la oportunidad de progreso económico que, al parecer no ven probable con las llamadas reformas de Raúl Castro. ¿Se sabe cuántos murieron cruzando el Estrecho de la Florida?

¿Cómo no indignarme ante el apoyo que brinda mi país al sanguinario régimen de Bashar Al Asad, haciendo caso omiso de la muerte de miles de personas a manos de sus servicios de seguridad y de la repulsa que provoca en los países árabes en particular? Ayer los cancilleres de Cuba, Venezuela y los miembros menores del llamado ALBA hicieron peregrinación a Damasco para ofrecer su solidaridad incondicional al dictador sirio. Hacer causa común Asad por un torcido concepto de soberanía nacional es uno de los actos más absurdos de la diplomacia cubana en los últimos tiempos.

Hay muchas otra razones, esas que de constantes ya no son noticia, para que se perturbe un domingo. Es una cruz Cuba.