Con la burocracia cubana hemos topado

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Fragmento de un cartel de la película cubana La muerte de un burócrata (1966)

Mi entrada a Cuba no estuvo exenta de contratiempos. La oficial de inmigración que examinó mi pasaporte me informó que debía renovarlo durante mi estancia en el país. De lo contrario: “tendrá problemas a la salida”. Todo un espléndido recibimiento.

Como todos los pasaportes cubanos, el mío se vence cada seis años pero debe validarse cada dos con sus consiguientes pagos.  El gobierno de Cuba somete así a sus ciudadanos a periódicos gravámenes para mantener un documento de poca utilidad a no ser para entrar y salir del territorio nacional.

Los que no están en el ámbito cubano recomendarán que quienes tenemos doble nacionalidad viajemos con el pasaporte del país adoptado. Varias veces escuché esa sugerencia. Es una opción imposible para Cuba, amigos míos.  Por ley, los que emigramos después de 1970 tenemos que ir a la tierra que nos vio nacer con el pasaporte cubano.

No renovarlo fue cuestión de olvido. El pase de marras permanece encerrado en un escritorio entre viaje y viaje a la Isla. No hace falta para nada más.

En todo caso, mi omisión, que pagué en tiempo, molestias y más dinero, me llevó a ser parte y testigo de algunas de las arbitrariedades que conforman el día a día del cubano.

-¿Dónde tengo que ir? , indagué con la oficial que me dio la mala noticia en el aeropuerto de La Habana.

-No sabría decirle. Creo que en las oficinas del carné de identidad del municipio donde se hospede. O pregunte arriba en las oficinas de inmigración.

Lo único que quería era salir de aquel lugar hacia mi destino. Ya averiguaré, me dije.

Intentar informarme por teléfono probó ser una vana ilusión. Nadie respondía las llamadas y, cuando lo hacían, era con un terminante “aquí no es”. Alguien sugirió una oficina en el Vedado, una pista falsa. Al llegar, resultó ser una especie de notaría para registrar propiedades y oficios. Dos buenas almas nos dirigieron al lugar correcto, en Miramar.

El taxista cobró bien el viaje. A juzgar por los precios, me atrevería a asegurar que los taxistas de La Habana deben estar entre quienes más ganan en Cuba. Si el salario mensual de un cubano promedio es de 20 dólares, algunos choferes ganan eso mismo en una sola carrera.

Mi destino era lo que llaman una consultoría jurídica donde la maquinaria burocrática cubana se manifiesta en su forma más burda, absurda e insensible. Radica en una de esas casas “de la antigua burguesía” convertida en dependencia pública.

Cuando llegué, un grupo de personas se arremolinaba ante la verja de la entrada principal cerrada con candado. Cada cierto tiempo, una empleada se acercaba y abría solo a aquellos que venían por ciertos trámites.  Tuve suerte: la prórroga del pasaporte me hizo franquear la reja.

En el piso superior había que registrarse antes de pasar a un salón lleno de personas que esperaban su turno en medio del calor de agosto que no mitigaba un solo ventilador.  Una mulata clara de anchas posaderas controlaba la admisión a aquella suerte de antecámara. Con amable sonrisa me indicó que me faltaba un sello tal y que debía estar de vuelta antes de la una de la tarde si quería ser atendido ese día.

Sin otra alternativa, busqué un taxi para que me llevara a uno de los bancos donde se vende el tipo de sellos para la validación de pasaporte. El chofer puso precio a la ida, la espera y la vuelta. Acepté para no perder más tiempo.  Al llegar cerca del banco, me confió:

-Mira, como hay cola, dame 5 CUC para el guardia en la puerta. Quédense aquí. Yo traigo el sello.

Pocos minutos después, el diligente chofer regresaba con la estampilla.

De vuelta al salón de espera, entre caras de fastidio y resignación, un hombre que se me había parecido al periodista disidente Reinaldo Escobar – esposo de Yoani Sánchez por más señas –  y que resultó serlo, exigió de la portera una explicación por dar prioridad a ciertas personas en detrimento de quienes esperaban desde muy temprano. El intercambio fue más o menos así:

-Hay dos empleadas, dijo con tranquilidad la guardiana. Una atiende pasaportes y la otra el resto de las gestiones. Tengo que ir intercalando.

-Esto es una falta de consideración a quienes están aquí desde las seis de la mañana. Lo que pasa es que ahora hay que sacar los antecedentes penales aquí también. Pongan más empleados.  Bastante dinero nos cobran en moneda convertible por todas las gestiones. Esta institución es francamente inmoral, respondió a voz alzada Reinaldo.

El quizás no lo vio o escuchó pero entre los que esperaban pacientemente hubo gestos y palabras de aprobación. Eso sí, casi en murmullo.

A la una de la tarde se nos pidió que abandonáramos el salón y saliéramos del edificio. Era la sacrosanta hora del almuerzo en la que nadie está a cargo. Todos salimos a la calle a matar 60 minutos de nuestras vidas.

Cuando al fin me llegó el turno, el trámite fue rápido.

-Venga dentro de tres días a buscar su pasaporte.  Ahora cuando baje, vaya primero a la oficina a la izquierda de la escalera donde entregará este documento. Después pague en la caja que está a la derecha. Una vez que tenga el comprobante, me lo trae de vuelta.

En la oficina de la izquierda había tres mujeres ociosas frente a sus computadoras. La que me atendió  escribió algo en su base de datos. Le tomó segundos, me devolvió el papel que le había llevado y volvió a su inactividad. La cajera, ausente de la caja, se hizo esperar unos minutos.

Al regresar tres días después para recoger mi pasaporte, me esperaba el mismo agobio en aquel salón que en su encarnación anterior como dormitorio de burgués vio seguramente momentos más gratos.

Un amigo acompañante me hizo notar que la portera hacía gestiones por personas que esperaban fuera de la habitación. Atento a lo que sucedía, vi llegar a una negra gruesa con quien parecía un marido europeo o canadiense.

- ¿Para recoger el pasaporte?

- Pida el último allá adentro.

- ¡Ay mami, no!…Mi avión se me va esta tarde.

- Pase a la primera oficina.

Con ese precedente, me acerqué a la dueña y señora de aquellas puertas y le susurré:

-Tengo un taxi que me está esperando –era verdad- y me está cobrando muchísimo  -que era relativamente cierto.

La empleada hizo un gesto como incordiada pero, receptiva a mi pedido, se levantó rápidamente y extendió la mano para que le diera mi citación. Un minuto después aparecía con mi pasaporte estampado con la dichosa prórroga. Las gracias y nos fuimos a toda máquina de aquel lugar.

Por un lapso que hallo difícil perdonarme, tuve que chocar nuevamente con uno de los aspectos más desagradables de la Cuba cotidiana, el de lidiar con una burocracia caribeñamente kafkiana, tan persistente como el régimen que la sustenta.

Regresar a Cuba

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-¿Usted es cubano?, me preguntó la funcionaria de Inmigración al llegar al aeropuerto de La Habana. Yo le había pedido una tarjeta de entrada al país para pasar por el control migratorio.

-Mire, si quiere se la lleno.

Cuando dije que podía hacerlo sin su ayuda, me soltó:

-¿Trae mucho equipaje? ¿Quiere pasar rápidamente por Inmigración y Aduana?

Ante una proposición que prometía camino libre a la salida sin registros indeseables de mis pertenencias y de los regalos a mi familia y amigos – necesidades más que regalos-  le respondí sin mostrar interés: ¿cómo es eso?

-Venga conmigo.

Después de pasar por el control de pasaportes expeditamente – por primera vez desde que viajo a Cuba- , no tuve que esperar mucho para la recogida del equipaje. Sin perderme pie ni pisada, allí estaba  la solícita empleada.

-¿Hace mucho tiempo que vive fuera?  Ya no parece cubano. Si no me lo dice, no lo hubiera sabido. Ahora, siga por allá a la derecha. Ya hablé con la muchacha en la puerta.

A la salida de la Aduana, mi escolta voluntaria estaba frente a mí para que no me la perdiera.  Para que el “favor” fuera completo, le pregunté por la oficina de cambio de dinero, a la que ahora se tiene acceso desde afuera.

La mujer nunca puso precio pero su servicio no era un espontáneo acto de altruismo con un compatriota que visita la patria. Sonrió de oreja a oreja al ver los pesos convertibles.

Digamos que el billete quedó como la propina de un paisano sobre el que había pesado el nuevo absurdo que obliga a los cubanos a declarar el contenido de su equipaje cuando su valor es de más de 50 dólares. Quizás no habría habido decomiso alguno pero no valía la pena un registro después de casi nueve horas de vuelo.

Otra vez bajo el filo de “y si…”

Bienvenido a Cuba.

Anja Niedringhaus, el riesgo de ser periodista

La fotógrafa alemana Anja Niedringhaus perdió la vida hoy en Afganistán. La ultimó un hombre vestido de policía, con seguridad un militante o simpatizante del Talibán. En el incidente resultó herida de gravedad la reportera canadiense Kathy Gannon.

Anja Niedringhaus no era ajena a los peligros que entraña su profesión. Había trabajado para la agencia AP como corresponsal de guerra en Yugoslavia en 1992. Años después, viajó a Irak para informar sobre uno de los más violentos episodios del conflicto en ese país tras el derrocamiento de Saddam Hussein: la batalla de Fallujah. Las fotos que tomó en Irak le valieron el Premio Pulitzer en 2005. 

Anja tenía una larga experiencia de trabajo en Afganistán, que se remontaba a la caida del régimen del Talibán en 2001. Su última misión era documentar con su reconocida capacidad el ambiente antes de las elecciones presidenciales de este 5 de abril como se muestra en esta página personal.    

http://www.anjaniedringhaus.com/ 

La muerte de Anja pone de manifiesto, una vez más, el alto riesgo que conlleva hacer periodismo en zonas de conflicto o de alta conflictividad. Hasta ayer, el Comité para la Protección de los Periodistas había contabilizado l8 trabajadores de la prensa muertos violentamente en 2014. Son Mayada Ashraf, en Egipto; Nils Horner, Firas Mohammed Attiyah y Noor Ahmad Noori en Afganistán; Muthanna Abdel Hussein y Khaled Abdel Thamer en Irak; Ali Mustafa y Omar Abdul Qader en Siria, Gregorio Jiménez de la Cruz en México; Vyacheslav Veremiy en Ucrania; Germain Kennedy Mumbere Muilwavyo en Congo; Pedro Palma y Santiago Ilídio Andrade en Brasil; Shan Dahar, Waqas Aziz Khan, Mohammad Khalid y Ashraf Arain en Pakistán y Suon Chan en Camboya. 

Mucho dice del mundo en que vivimos que hombres y mujeres paguen con la vida por ejercer su oficio de informar. O que sean agredidos y hostigados, como sucedió ayer en Venezuela. Denunciarlo es un deber.   

 

 

 

Sexo y espíritu empresarial en Cuba

El corresponsal para América Latina del diario británico The Guardian, Jonathan Watts, escribe sobre lo que pareciera ser una nueva forma de cuentapropismo en la Cuba de las reformas raulistas: las posadas particulares. Watts habla con un veterano de la guerra de Angola quien, con su esposa rusa, alquila habitaciones a parejas que buscan un lugar donde desahogar sus pasiones. El negocio, que no es nada nuevo, tiene ahora patente legal. A los dueños les va bien al parecer porque están haciendo mejoras al establecimiento, incluyendo camas de concreto…Pensar que hasta esto lo administró hasta no hace mucho el Estado cubano.

The Guardian: Cuba’s lovers check in to a golden age thanks to economic reforms

 

Cuento del visir, la cadena y el mono intocable

Érase una vez un visir cuyo encargo era hacer que los cronistas del reino escribieran sobre una cadena sucia y oxidada que sujetaba a un viejo y malhumorado mono. “Digan la verdad sobre la cadena”, repetía el ministro y advertía: “pero nada malo del simio”.  Aun así, los empleados callaban o decían muy poco por temor a despertar la ira del primate, quien era nada más y nada menos que el soberano de aquel país. 

Cualquier semejanza de esta historieta con la realidad de la prensa oficial cubana es muy intencional. El vicepresidente Miguel Díaz-Canel exhorta de vez en vez a los medios de comunicación del Estado a ser más críticos. Sin embargo, estos no responden o se limitan a exponer alguna corruptela menor y publicar quejas de los ciudadanos. La explicación es simple: en Cuba los periodistas siguen el código de meterse con la cadena – los males de mecánica del sistema – pero jamás con el mono, la cúpula del régimen.  

Díaz-Canel volvió a la carga hace unos días ante la Unión de Periodistas. El dirigente pidió crítica con equilibrio e “integralidad” y se dijo preocupado por la autocensura en los medios. Con ese discurso, el funcionario manifiesta dudosa ingenuidad porque bien debería saber que nadie quiere arriesgarse a una reprimenda o peor, a que los truenen, para decirlo en un lenguaje muy cubano, muy de nuestra experiencia de los últimos 55 años. 

Pero por un momento no dudemos de la sinceridad de Díaz-Canel. Si nos atenemos a sus palabras, él estaría proponiendo que los profesionales de la prensa cubana den a conocer todos los puntos de vista de un argumento, a favor y en contra, e informen sin omitir o distorsionar ningún dato importante. 

Imaginemos. Si quisieran poner manos a la obra con un tema de actualidad,  Granma y Juventud Rebelde – los dos principales diarios de alcance nacional- podrían publicar reportajes a fondo sobre los exhorbitantes precios de los automóviles a la venta desde comienzos de este mes. Sus periodistas hablarían con los cubanos frustrados por la imposibilidad de comprar los vehículos y entrevistarían a los funcionarios que fijaron su valor. Una pregunta clave podría ser – ya que de “integralidad” se trata – a qué nivel se aprobó la descabellada medida que ha causado tanta ofensa entre la población. 

Podrían también, para corregir sus muchas faltas de leso periodismo, investigar los vínculos entre el empresario chileno Max Marambio – condenado en ausencia en Cuba a 20 años de cárcel por un caso de corrupción –  y el general Rogelio Acevedo González, el destituido presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba. 

Volvamos a la realidad: este no es el tipo de prensa que quieren Díaz-Canel y sus superiores. El llamado del vicepresidente es solo a meterse un tanto más con la cadena, a hacer más atractiva una prensa anodina. Como para recordar la coyunda que sujeta a los periodistas cubanos, el funcionario advirtió que en la profesión “el problema ideológico es estratégico frente a la propaganda subversiva contra nuestro país del neoliberalismo y de los que pretenden restablecer el dominio neocolonial en Cuba”.

Érase una vez… 

 

An urgent message from Russia

Dear friend!

I just want you to know what’s happening in Russia right now. A well-known Russian actor and screenwriter Ivan Okhlobystin who had claimed before that he would “personally like to incinerate all gays” has sent an open letter to President Putin in which he asks to criminalize gay people and the gay community and insists on reintroduction of criminal penalty for homosexuality.

Yesterday the Russian Orthodox Church chief spokesperson Vsevolod Chaplin has expressed his solidarity and support to Okhlobystin’s letter remarking though that people should decide the matter of criminal punishment. Share this please, it could help!

Khmer rojo, una historia mal contada por Granma

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El diario Granma, el “órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba”, celebra los 35 años del triunfo del ejército vietnamita sobre el criminal régimen del Khmer rojo en Camboya. El 7 de enero de 1979 unidades militares de Vietnam y sus aliados camboyanos entraron en Phnom Penh, la capital, poniendo fin al gobierno de Pol Pot.

Granma condena el exterminio de casi un cuarto de la población de Camboya y nombra a tres de los principales asesinos. Todo bien, solo que olvida convenientemente señalar al comunismo como la ideología con la que se justificó el genocidio. Para decirlo con palabras de Oscar Wilde, esta es la ideología que no se atreve a decir su nombre.    

Los khmer rojos eran, nada más y menos, el Partido Comunista de Kampuchea o Partido Comunista Khmer. Para que no quedara duda de sus objetivos, vale la pena citarlos. Sus gerifaltes se jactaban de ser “la primera nación en construir el comunismo sin perder tiempo en los pasos intermedios”.

No menciona Granma que China fue el valedor del engendro, como la Unión Soviética lo fue de Vietnam. Ni tampoco el elemento ultranacionalista del khmer rojo que matizó el conflicto con los vietnamitas.

Por cierto, Cuba fue uno de los pocos países que mantuvieron misiones diplomáticas en la “Kampuchea Democrática” durante los casi cuatro años que duró la catástrofe. Las buenas relaciones terminaron cuando el régimen de Pol Pot expulsó a los cooperantes cubanos en 1978.

Granma no cuenta la historia completa y pareciera hacerlo con notable retraso. Durante el genocidio, que recordemos, ni una palabra.      

Granma: Camboya pasa la página pero no olvida

En este blog: En un campo de muerte del jemer rojo 

“…los ancestros están, al fin, bailando de alegría”

La historiadora australiana Emma Cristopher afirma haber descubierto que descendientes de esclavos que viven en Perico, un pueblo de la provincia cubana de Matanzas, tienen sus raíces en Sierra Leona. La prueba es que los habitantes de Mokpangumba, una aldea sierraleonesa, han identificado como propios los cantos y danzas conservados durante generaciones en Cuba. Cuatro cubanos viajarán dentro de poco a la tierra de sus ancestros para celebrar el rencuentro. La doctora Cristopher, que es investigadora de historia de Africa Occidental y del tráfico trasatlántico de esclavos, cuenta la historia aquí. Su documental They are we promete.

¿Qué sabía Rusia sobre los hermanos Tsarnaev?

Tsarnaevs
Conste que no se trata de alguna temprana teoría de la conspiración. Sin embargo, hay algo que no está claro sobre cómo reaccionaron el presidente Vladimir Putin y los medios de prensa oficialistas rusos al atentado de Boston y la búsqueda de sus presuntos autores materiales, Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev.

Mucho antes de que se supiera de la identidad de los sospechosos y de su origen checheno ayer, ya el martes 16 de abril Putin vinculaba las explosiones a la necesidad de coordinar la lucha contra el terrorismo a escala mundial. Por su parte Russia Today, el canal de televisión y página de internet que refleja la posición del gobierno ruso, reveló con una celeridad asombrosa los nombres de los sospechosos e información sobre ellos y sus familiares.

Según un agente del FBI, los servicios de inteligencia de Rusia le seguían la pista a Tamerlan Tsarnaev. El FBI habría interrogado a Tamerlan a pedido de los rusos en 2011. Tras el interrogatorio, los norteamericanos habrían concluido que no tenían motivos para preocuparse por el mayor de los Tsarnaev.

Tamerlan estuvo fuera de Estados Unidos desde enero a julio de 2012. Se cree que viajó a la Federación Rusa, posiblemente para visitar a sus familiares en Daguestán. Los servicios de inteligencia rusos podrían esclarecer si en ese tiempo se reunió con radicales islámicos que abundan en aquella parte del Cáucaso.

Durante la operación de captura de Dzhokhar, el presidente Obama llamó a Putin para agradecerle su cooperación en el combate contra el terrorismo. Según Russia Today, el gobierno de aquel país había alertado desde hace tiempo a Estados Unidos del peligro de los radicales chechenos refugiados en Occidente. Para los rusos, el atentado de Boston demuestra que su advertencia estaba justificada.

El ataque terrorista de Boston tiene lugar cuando Rusia se prepara para las Olimpiadas de Invierno de Sochi en febrero de 2014. Funcionarios rusos creen que lo ocurrido en Estados Unidos es un llamado de alerta y que, por lo tanto, las medidas de seguridad en los Juegos deben ser más estrictas.

No hay que llegar a conclusiones prematuras pero hay motivos para preguntarse ¿qué sabía exactamente Rusia de los hermanos Tsarnaev antes del pasado lunes 15 de abril?, ¿qué dijeron los servicios de inteligencia rusos al FBI en 2011? y ¿qué saben sobre lo que hizo Tamerlan Tsarnaev durante los primeros seis meses de 2012?

Lo bueno, lo malo y lo trascendental de Margaret Thatcher

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Estuve hoy en el funeral de Margaret Thatcher, tan polémico como fue ella en vida. Exequias apropiadas para unos, dispendio inmerecido para otros. En un país de gente generalmente circunspecta y contenida, esta señora despierta todavía pasiones políticas y sentimientos opuestos como nadie. Que salvó al país o que lo destruyó. Que fue una gran primera ministra. Que fue un malévolo personaje, origen de los males de la sociedad. Que es el Bien. Que es el Mal. Pocos la ven en el claroscuro de sus tres períodos de gobierno.

Yo llegué a Londres en 1990, a solo unos meses de que dirigentes de su partido la obligaran a abandonar su puesto. Se acercaba el fin de una era. La ciudad era de grandes contrastes. En Green Park, los yuppies ostentaban aquellos celulares que eran como ladrillos. Brixton, por el contrario, parecía un barrio de Tercer Mundo de calles sucias y edificios destartalados.

Once años antes, Thatcher había sido electa con un mandato inequívoco para poner orden y mejorar la vida de los británicos. El panorama que precedió su entrada en Downing Street no podía ser más intimidante: las huelgas de empleados públicos hacían que la basura se acumulara y que algunos hospitales recibieran solo emergencias. Hasta los sepultureros en Liverpool y Manchester dejaban de trabajar por reivindicaciones laborales. El malestar de la gente se acentuaba con las bajas temperaturas de un invierno más frío que de costumbre.

Thatcher puso manos a la obra. Con determinación, torció el brazo de los poderosos sindicatos que estaban detrás de las huelgas y se dio a la tarea de administrar un tratamiento radical para la enferma economía británica. Los medicamentos más fuertes fueron la privatización de las empresas estatales y el cierre de decenas de minas de carbón. Según ella, el país simplemente no estaba en condiciones de mantener industrias obsoletas. Al cabo del tiempo, los índices económicos mejoraron.

Muchas de las medidas que tomó causaron inevitablemente sufrimiento. Los mineros y sus familias se quedaron sin fuente de ingresos. El desempleo aumentó a tres millones de personas, una cifra no registrada desde la Gran Depresión de los años 30.

Hoy la mayoría de los británicos, según el diario The Guardian, considera que Margaret Thatcher hizo bien al país al domar unos sindicatos demasiado poderosos y frenar su declive económico. En el imaginario colectivo, a ella se debe que Gran Bretaña dejara de ser “el enfermo de Europa”. También desde una perspectiva nacional, se le acredita la victoria en el conflicto de las Falkland o Malvinas que reparó el ultraje de la invasión argentina.
Si de saldo positivo se trata, no debe pasarse por alto tampoco su contribución al fin de la Guerra Fría y del comunismo en Europa del Este.

Lo más difícil de aceptar de Thatcher es el costo social de su revolución neoliberal. Ella no reparó -o pareció no reparar- en el aumento del desempleo y el consiguiente empobrecimiento de muchos británicos que trajeron los cierres de fábricas y la privatización de empresas estatales. Para ella era un mal necesario.

Si en algo están de acuerdo los admiradores y los detractores de Thatcher es que nadie cambió tanto el país desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su legado, el thatcherismo, ha estado presente en los gobiernos de cada primer ministro que le sucedió, incluyendo a Tony Blair y Gordon Brown, del Partido Laborista. De hecho los laboristas no hubieran podido regresar al poder en 1997 sin aceptar la nueva realidad impuesta por Thatcher. Blair se moldeó en la horma de la Dama de Hierro.

Hoy en su funeral hubo muchos más aplausos que abucheos y más respetuoso silencio que protesta. Thatcher, que como Edith Piaf no se arrepentía de nada, podría haberse sentido satisfecha.

Maduro vs Capriles: una pelea desigual

Capriles-Maduro

No me digan, señores y señoras simpatizantes del chavismo, que las elecciones que se celebrarán mañana en Venezuela se realizan en igualdad de condiciones y que por ende no tienen tacha.

No pueden decirlo cuando Henrique Capriles Radonski, el candidato de la oposición, se enfrenta a un  gobierno que usa sin pudor los recursos del estado para favorecer la campaña del presidente en funciones Nicolás Maduro.

No pueden decirlo cuando los medios de comunicación estatales le dan una escasísima cobertura a los discursos de Capriles mientras difunden in extenso los discursos del abanderado del oficialismo y heredero de Hugo Chávez.

No pueden decirlo cuando miles y miles de chavistas son transportados a los actos electorales de Maduro en autobuses de empresas del estado.

No pueden decirlo cuando el Ministro de Petróleo y Minería Rafael Ramírez alista a los trabajadores de la estatal Pdvesa a favor del candidato oficialista y lo reconoce sin ambages.

No pueden decirlo cuando el Ministro de la Defensa, almirante Diego Molero, proclama inconstitucionalmente que la Fuerza Armada Nacional no le fallará a Chávez y en tono amenazante asevera que “le daremos en la madre a los fascistas”.

No pueden decirlo cuando hay venezolanos que sienten temor de que si votan por Capriles de alguna forma lo sabrá el gobierno y perderán las dádivas que hoy reciben.

Unos comicios no pueden ser enteramente libres y democráticos cuando una de las partes compite con tanta desventaja. 

Nicaragua y Venezuela en dos momentos electorales de la Cuba castrista

“Perdimos Nicaragua”, me dijo una mujer consternada, con aire de duelo, en el correo del Ministerio de Comunicaciones de La Habana el 26 de febrero de 1990. En la víspera, Daniel Ortega había sido derrotado por Violeta Chamorro en unas elecciones presidenciales en que había partido como favorito.

La señora tenía tipo de funcionaria, de militante del Partido. “Perdimos”, se quejó. Como si Nicaragua hubiera sido pertenencia nuestra alguna vez. La frase en tono grave buscaba simpatía conmigo. La oficiala suponía que un cubano cualquiera como yo compartiría su desazón. El lamento recorría las filas castristas, como un eco del Jefe Máximo.

Nicaragua había sido hasta entonces muestra de que en América Latina se podía aplicar con éxito la plantilla creada por Fidel y su revolución. Una guerrilla izquierdista, el Frente Sandinista, había desalojado del poder a un corrupto dictador de derecha. Su líder, Daniel Ortega, exhibía un discurso redentorista y antimperialista. Para más parecido con Cuba, el hermano del presidente era Ministro de Defensa y la enseña partidaria, un calco de la bandera del 26 de julio.

Sin embargo, el reino de Ortega era más que imagen y semejanza del castrismo. En buena medida, era su creación. De la isla le habían llegado armas y asesores militares – antes y después de la rebelión contra Anastasio Somoza – y un ejército de civiles enviados a colaborar en la obra social prometida por el sandinismo.

En un tiempo en que uno a uno caían los aliados del este europeo, aquellos de amistad “eterna e indestructible”, ver partir a un discípulo tan cercano era doloroso. Ortega había pagado caro por no escuchar consejo. La herida se curaría dieciséis años después con el regreso de Ortega por la vía de las despreciadas urnas. Sus adversarios políticos, incompetentes y desunidos, le habían abierto el camino a la presidencia. Y ahí continúa, con el patrocinio de la Venezuela chavista, valedora que garantiza la lealtad de una masa clientelar.

Fidel Castro pasaría de la aversión contra el concepto de elecciones pluripartidistas a su aceptación tácita -al menos fuera de Cuba- al ver que su hijo putativo Hugo Chávez las ganaba por amplio margen en Venezuela. De aconsejar a Ortega no someterse al escrutinio de las urnas, a instar al bolivariano a no perder los comicios presidenciales del año pasado, so pena de un “arrase general” de la oposición. Lo asustó con el espectro de Pinochet y el paciente de cáncer, convencido de su misión trascendente, se sometió al rigor de una campaña electoral acortando tal vez los pocos meses que le quedaban de vida.

Ahora, el heredero de Chávez se apresta para su elección. Las encuestas predicen que Nicolás Maduro se impondrá con el capital político que le dejó su maestro. Es el sucesor que le convenía a los Castro: un fervoroso devoto del difunto presidente moldeado ideológicamente en las escuelas del Partido Comunista Cubano. Su hombre en Caracas.

La Cuba castrista, que debe en gran medida su supervivencia a Chávez, no tendría entonces nada que temer. Todo indica que durante los próximos seis años continuará el oxígeno que representan los casi cien mil barriles diarios de petróleo venezolano. Maduro depende demasiado del aparato de inteligencia cubano y, para mantener el barco de la República Bolivariana en el mismo rumbo que hasta ahora, necesita de las decenas de miles de militares y civiles que envían de la Isla.

Las elecciones que se avecinan en Venezuela no tendrán mayores repercusiones en Cuba, al contrario de las que separaron temporalmente del poder a los sandinistas en Nicaragua en 1990. En La Habana sí estarán muy pendientes del porcentaje que alcanzará el candidato del chavismo. Un número menor de votos que los alcanzados por Chávez en octubre pasado haría sonar la alarma. Ese sería un mal comienzo para un mandato que se anuncia incierto.

Irónicamente la Cuba que no celebra elecciones multipartidistas tiene parte en ellas a través de sus aliados allí donde sus intereses están en juego. Para el castrismo, en su expansionismo y dependencia, Nicaragua era una cuestión más bien moral, ideológica. Venezuela, por el contrario, es un asunto vital.

¿Podrá Bergoglio?

Papa Francisco en conferencia de prensa  (Tenan)

Papa Francisco en conferencia de prensa (Tenan)

Su ascenso a la silla de Pedro fue una sorpresa. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, nunca fue favorito para suceder a Benedicto XVI. Pero los vaticinios se disiparon como la fumata blanca que salió de la Capilla Sixtina en la noche del miércoles 13 de marzo. Se cumplió otra vez la máxima de que quien entra papa en el cónclave, cardenal sale.

Para ser justos con los augures, Bergoglio fue electo después de cinco votaciones en las que los candidatos de las predicciones no alcanzaron apoyo suficiente. El argentino se impuso en un juego entre facciones con visiones distintas sobre el camino que debe seguir la Iglesia Católica.

Su triunfo se debe a que la mayoría de los cardenales le vieron dotes de buen gobernante, renovador y comunicador. Para algunos de los purpurados él no necesitaba carta de presentación: lo conocían bien del cónclave anterior en que le había disputado la sucesión papal a Joseph Ratzinger.

El Papa Francisco, hombre de costumbres austeras, gestos piadosos y verbo sencillo, tiene ahora la encomienda de curar al catolicismo de las heridas autoinfligidas por los escándalos de pederastia, el dudoso manejo de las finanzas de la Iglesia y las intrigas en el seno de la burocracia vaticana.

De él se espera también que ponga en práctica una estrategia efectiva ante los múltiples retos de la religión católica en el mundo actual que van desde la pérdida de influencia en Europa y la competencia por fieles con las iglesias pentecostales en América Latina hasta las tensiones con el Islam fundamentalista en África y el Medio Oriente.

Por ahora Francisco se dedica a darse a conocer a los fieles y al resto del mundo a través de unos medios de comunicación muy atentos. Y tal parece que con buenos resultados. Su simplicidad, serenidad y humor caen bien. Su declaración “yo quiero una iglesia pobre para los pobres” genera una gran dosis de expectativa, más que escepticismo, habida cuenta de su trabajo con los desposeídos en Argentina.

Pronto el primer papa latinoamericano tendrá que poner manos a la obra. La gran incógnita es si será capaz de conducir la barca con mano segura a pesar de “las aguas agitadas y el viento contrario”, para usar una metáfora de su antecesor.

El éxito de la misión lo determinarán en buena medida sus futuros colaboradores en el gobierno de la Iglesia. Para escogerlos talento hay en abundancia. Si Francisco se propone dialogar con los no creyentes y atraer a jóvenes con inquietudes intelectuales, bien podría potenciar el trabajo que hace Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura.

Si el nuevo pontífice quiere revitalizar la diplomacia vaticana y tender puentes en China y el Medio Oriente, su hombre es Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y con una impresionante hoja de servicios en el campo diplomático. Sean quienes sean los “ministros”, estos no deberían ser figuras que causen división, so pena de que continúen las intrigas que lastraron el pontificado de Benedicto XVI.

Si hay algo que debe resultar claro al Papa Francisco es que no podrá enfrentar algunas de las batallas que tiene ante sí sin un papel más activo de los laicos y de las mujeres en la vida de la Iglesia. No habrá una verdadera renovación del catolicismo sin la participación comprometida de sus bases.

Quien escribe, católico por libre elección, entiende que este momento crítico en la historia de nuestra fe exige cambios urgentes y drásticos. La respuesta a la pregunta de si Francisco podrá ponerlos en práctica depende en gran parte de nosotros mismos.

Y el oso se cansó del fardo

El breve pontificado de Benedicto XVI llegó a su fin, casi ocho años después de ser electo en la mañana del 19 de abril de 2005. Al final, la enorme tarea de conducir una Iglesia aquejada por graves problemas fue demasiado para un frágil anciano de 85 años.

Al comenzar su ministerio, el ahora Papa Emérito se trazó la ambiciosa meta de recuperar los espacios que el laicismo ha ido arrancando al cristianismo en Europa. En sus viajes por el continente, Benedicto fue recibido con entusiasmo por los católicos. Sin embargo, no hay indicios de que a la fecha la religión cristiana haya recobrado alguna presencia en la esfera pública, allí donde la ha perdido. El avance del laicismo en Europa pareciera irreversible.

Quizás lo que más limitó la gestión de Benedicto fueron los numerosos escándalos por casos de pedofilia perpetrados por sacerdotes. A pesar de que él puso en marcha una política de no tolerancia para enfrentar este flagelo, el daño a la Iglesia ha sido considerable.

Otro de los dolores de cabeza para Benedicto fue el escándalo en el que se ha visto el Banco Vaticano, oficialmente Instituto para las Obras de Religión, por sospechas de lavado de dinero, evasión de impuestos y otros delitos.

Sin embargo, lo que más tocó de cerca al ex Papa fue el robo de cartas y memos confidenciales por su mayordomo Paolo Gabriele. Los documentos fueron publicados en mayo del año pasado.

Para colmo de males, un reciente informe redactado por tres cardenales y cuyo contenido no ha sido dado a conocer habría revelado corrupción, abuso de poder e intentos de chantaje contra clérigos homosexuales.

No en balde, Benedicto, con una salud mermada, se consideró incapaz de poner orden en la Iglesia y al mismo tiempo hacer frente a sus múltiples retos en siglo XXI.

El ex Papa se identificó alguna vez con el oso de una leyenda medieval que debe cargar un fardo. Al final del camino, el oso deja el bulto y desaparece. Podría decirse que eso precisamente sucedió hoy.

Ver: Benedicto XVI, el oso y su fardo

El Delfín

Raúl Castro finalmente tiene un sucesor aparente en Miguel Díaz-Canel Bermúdez quien ocupa ahora esa plaza vacante desde el descalabro de Carlos Lage en 2009.

Díaz-Canel fue elevado al puesto de primer vicepresidente del Consejo de Estado y de Ministros el pasado 24 de febrero ante una Asamblea Nacional que,rutinariamente obsecuente, refrendó sin objeciones su nombramiento.

Si no comete ningún error que dañe la escurridiza confianza de sus jefes, el ingeniero eléctrico será el próximo presidente de Cuba en febrero de 2018 después de que Raúl, tal como prometió, deje el cargo.

Díaz-Canel trae consigo una hoja de servicios que le ayudó a pasar el tamiz de los Castro. Quienes conocen su trayectoria dicen que dejó una estela de obras en su natal Villaclara y en Holguín, provincias en las que fungió como Primer Secretario del Partido Comunista.

El nuevo delfín tiene una imagen de dirigente probo y sin ínfulas que seguramente también le allanó el camino hacia el Palacio de la Revolución.

Sin embargo, su virtud mayor es la lealtad a Raúl y Fidel, que estará, como nunca antes, bajo constante escrutinio durante los próximos cinco años. No cabe duda de que Díaz-Canel es hoy uno de los hombres más vigilados en Cuba. El debe saberlo bien. Basta con que tenga en cuenta las escuchas de las conversaciones privadas entre Felipe Pérez Roque y Carlos Lage que pusieron estrepitoso fin a su carrera política.

La verdadera novedad dentro de cinco años no será la ausencia de un Castro en la dirección del Estado sino el cambio en cómo se ejerce el poder en Cuba. Sea Díaz-Canel u otro, el ungido como mandatario será un mascarón de proa, una suerte de administrador que hará lo que le dicten los dueños del negocio.

De cuando Gore Vidal perdió su ingenio


Los tributos vuelan para Gore Vidal, señor de las letras, que acaba de morir en Estados Unidos. Vidal tenía una agudeza que recordaba a Oscar Wilde. Era un Wilde menos extravagante que incursionaba en política y uno que también no temía reconocer en público sus inclinacioness sexuales. Un Wilde de su tiempo.

Novelas como Williwaw, La ciudad y el pilar de sal, Juliano el Apóstata; obras de teatro como Visita a un pequeño planeta y El mejor hombre y ensayos como Palimpsesto: una memoria le granjearon un lugar entre los nombres indispensables de la literatura norteamericana del siglo XX. Sin embargo, a pesar de su indudable mérito como escritor, se le recuerda, y hasta más, por sus dichos mordaces motivados muchas veces por una visión crítica de su país. Frases como estas:

Se supone que la democracia dé la sensación de que se escoge, por ejemplo, entre el calmante X y el calmante Y. Pero en realidad los dos son aspirina

Cincuenta por ciento de la gente no vota y cincuenta por ciento no lee los periódicos. Espero que sea el mismo cincuenta por ciento

Ningún buen acto pasa sin castigo

No basta con triunfar. Otros tienen que fracasar

Este maestro de la ironía también tuvo sus frases temerarias y desafortunadas. Tómese esta perla de una entrevista que un Vidal ya de avanzada edad soltó, nada más y nada menos que a Cubadebate, en una visita a La Habana en 2006:

Solamente si reponemos la Constitución, podríamos tener un país con aspiraciones y con éxitos como los de Cuba. No crea que no me siento celoso como norteamericano con lo que he visto en Cuba. Yo soy un gran patriota y tengo celos“.

No lo dijo con su característica sorna porque el contexto es inequívoco. ¿Habló el Vidal provocador? Tal vez pero lo que consiguió este habilísimo gimnasta de la palabra fue una torpe e indigna pirueta. Que las luces del intelecto no necesariamente alumbran en política.

Oswaldo Payá, el hombre que puso en jaque a Fidel Castro

Oswaldo Payá (1952-2012) – Foto AP

Oswaldo Payá, líder del opositor Movimiento Cristiano Liberación, murió en un accidente de tránsito ayer en Cuba en circunstancias que necesitan ser esclarecidas. En este caso no basta decir que “el chofer perdió el control del vehículo”, como anuncian los funcionarios del gobierno. Según la hija de Payá, el auto en que viajaban su padre y acompañantes fue embestido varias veces.

La causa de la democracia y los derechos humanos en Cuba ha perdido uno de sus más firmes abanderados. Desde hace más de dos décadas Payá luchaba por una sociedad más libre e incluyente sufriendo muchas veces los ataques de turbas oficialistas que cubrían la fachada de su casa con insultos.

El mérito de Payá consiste en haber logrado coordinar una iniciativa pacífica por el cambio en Cuba, el Proyecto Varela, que tomó al gobierno por sorpresa en 2002. Bajo el manto de la actual Constitución, Payá y sus seguidores recogieron más de 11 mil firmas en demanda de un plebiscito para que los cubanos se pronunciaran sobre libertades cívicas, una amnistía de los presos políticos y elecciones multipartidistas. Fidel Castro se vio en la necesidad de convocar a un referéndum para declarar el socialismo como sistema “único e irreversible”.

El éxito en la recogida de firmas por parte de los activistas del Movimiento Cristiano Liberación demostraba una valentía y una organización que el gobierno no estaba dispuesto en tolerar. No es extraño que muchos de ellos terminaran en la cárcel durante la ola de arrestos de marzo de 2003. Payá no fue a prisión quizás por ser una figura demasiado conocida fuera del país. Sin embargo, su organización quedó diezmada. Iniciativas posteriores como el Proyecto Heredia y El Camino del Pueblo han tenido menor resonancia que el Proyecto Varela.

Duele la muerte a destiempo de un hombre que hizo tanto por la reconciliación de los cubanos y que habría jugado un importante papel en esa Cuba democrática que sigue siendo, para nuestro mal, la más escurridiza de las entelequias.

Gracias, Oswaldo Payá, por tu dignidad y coraje.

Londres 2012: ¿cuán seguros son estos Juegos Olímpicos?

Desde hace unos meses, el autobús 97 que hace la ruta hasta el centro comercial de Westfield en Stratford City, cerca del Estadio Olímpico, se detenía a un buen trecho de su destino, en un punto de control rodeado de abultadas barreras de concreto. Un empleado de transporte subía al vehículo y realizaba una rápida inspección de sus dos pisos. Solo cuando se daba por satisfecho con la requisa, el ómnibus continuaba su camino. El procedimiento común en zonas de conflicto – yo lo viví en Cisjordania – es totalmente inusitado en Londres. La inspección, sin embargo, no parece haber sido suficiente para quienes velan por la seguridad de las Olimpiadas: los autobuses han sido desviados hacia una estación más distante.

Otras medidas están ya en vigor para blindar el parque olímpico contra ataques terroristas. Así, los estacionamientos de autos en las cercanías cerraron hasta el fin de los Juegos Paraolímpicos en septiembre; los canales que rodean el Estadio han sido vallados; las embarcaciones que atracan en ellos fueron puestas a buena distancia y una vereda que conduce a las inmediaciones del recinto deportivo fue cercada para disgusto de algunos vecinos que se quejan inútilmente.

Las protestas tampoco han impedido que el Ejército coloque misiles tierra-aire en edificios de apartamentos en el este de Londres y en otras posiciones en el sur y el norte de la capital. En realidad, no son muchos los inconformes. Es más, me atrevo a asegurar que la mayoría de los más de ocho millones de habitantes de esta ciudad estamos conscientes de que ciertas restricciones e incomodidades forman parte de la factura por organizar unos Juegos Olímpicos en esta época.

El celo en defender el evento de atentados terroristas es comprensible. Londres ya los vivió hace siete años, precisamente el día después de celebrar que el Comité Olímpico Internacional le adjudicara la sede de la fiesta mayor del deporte. Corresponde ahora no servirle la más mínima oportunidad a unos potenciales atacantes, suicidas o no, tentados – ¿quién lo duda? – por el simbolismo y la magnitud de un golpe a un gobierno, una sociedad y un estilo de vida que odian profundamente.

Por supuesto, las medidas preventivas por sí solas no bastan para transmitirnos una sensación de completo sosiego. La falta de garantías de unos Juegos sin contratiempos se ve acentuada por la incapacidad de la compañía privada encargada de su seguridad, G4S, para adiestrar diez mil guardias, tal como se había comprometido con las autoridades británicas. El problema se dio a conocer solo a menos de tres semanas del inicio del evento.

Sin otra alternativa, el Ejército ha tenido que enviar 3.500 militares más de los que ya había asignado para proteger las instalaciones deportivas. Según el diario The Guardian, el número de efectivos de las Fuerzas Armadas presente en estas Olimpiadas llega a 17.000, casi más del doble de los destacados en Afganistán.

Las dificultades no paran con la oportuna intervención del Ejército en un evento cuya seguridad debería estar siempre en manos civiles. Por si fuera poco, se desconfía de la aptitud de los guardias de G4S. Un empleado de la compañía afirma que algunos de ellos no pudieron detectar armas en los registros de personas ni siquiera con el uso de detectores de metales durante el curso de formación. Aun así, recibieron el aval para trabajar durante los Juegos Olímpicos.

La persona más apropiada para responder la pregunta sobre cuán seguras son estas Olimpiadas es, sin duda, Jonathan Evans, director del MI5, el servicio de seguridad interno del Reino Unido. En un discurso el mes pasado, Evans dijo que no puede garantizar unos Juegos sin atentados terroristas. Según él, la mayor amenaza es la no esperada, la de simpatizantes de Al Qaeda desconocidos por la inteligencia británica. Y sentenció: “el perro que no has visto es posiblemente el que te muerde”.

A pesar de todo, no hay alarma entre los londinenses decididos a disfrutar de un gran espectáculo que difícilmente podrán volver a presenciar tan de cerca. Es el espíritu de gran ciudad curada de espanto. ¿Qué terror pueden infundirles unos fanáticos a ellos que llevan en la sangre la inquebrantable firmeza de sus abuelos durante el Blitz? De aquellos tiempos es la consigna de “keep calm and carry on”, mantenerse en calma y seguir. Nadie quiere ponerla a prueba pero tengo la certeza de que así se cumpliría de llegar el caso.

¿Primavera china a la vista?

China tendrá su primavera dentro de los próximos cinco años, según el escritor británico Will Hutton, ex editor del semanario The Observer y rector del Colegio Hertford de la Universidad de Oxford. Para Hutton la crisis de legitimidad que sufre el Partido Comunista hace que el actual status quo sea insostenible. A su juicio, la reciente defenestración del dirigente de línea dura Bo Xilai es evidencia de que quienes llevan las riendas del poder en China tienen una mentalidad reformista. Es un punto de vista interesante, que no debe pasar desapercibido. Aquellos gobiernos que se proponen de alguna forma emular a China deberían tomar nota. Los razonamientos de Hutton pueden encontrarse en este video y este artículo publicados por el diario The Guardian.

Carlos Cortiglia, el uruguayo que quiere ser alcalde de Londres

Carlos Cortiglia es uno de los siete candidatos a la alcaldía de Londres en las elecciones locales del próximo 3 de mayo. De nacimiento uruguayo y de profesión periodista; fuimos colegas en el Servicio Latinoamericano de la BBC, hoy BBC Mundo, a comienzos de los años noventa. Carlos representa al Partido Nacional Británico (British National Party, BNP), una agrupación política clasificada como de extrema derecha aunque él rechaza esa definición.

El BNP considera que la inmigración descontrolada es un peligro para la identidad británica y, para hacerle frente, aboga por deportaciones de “más de dos millones” de indocumentados e incentivos económicos para que los descendientes de extranjeros abandonen el país. El partido propone la instauración de la pena de muerte y la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Con gran curiosidad me puse en contacto con Carlos para preguntarle por su polémica candidatura.

¿Cómo se explica que un uruguayo, aunque nacionalizado británico, sea candidato a la alcaldía de Londres por un partido de extrema derecha con una agenda anti-inmigrante?

Para comenzar el British National Party no es derecha ni de izquierda y no tiene una agenda anti-inmigrante. Es un partido nacionalista que se opone a la inmigración ilegal y al hecho de que Gran Bretaña hoy en día como miembro de la Unión Europea no puede controlar sus fronteras.

Contrariamente a lo que se dice, el Partido Nacional Británico no es un partido de derecha. Defendemos la integridad de los servicios públicos en manos del Estado y decimos que los servicios públicos como el transporte y la salud, entre otros, tienen que ser ofrecidos como servicios públicos y no como empresas privadas.

Un ejemplo de esta línea política es nuestra oposición a la automatización de servicios de trenes en Londres. Entendemos que hay que defender los empleos de los trabajadores del transporte público.

Mientras David Cameron calificó a nuestro partido como partido de derecha, Lord Tebbit – también del Partido Conservador – al observar nuestras políticas sobre servicios públicos dijo que somos un partido de izquierda. Ni lo uno ni lo otro. Nos ubicamos en el centro de la política por entender que al mismo tiempo que defendemos la integridad de los servicios públicos también favorecemos la iniciativa privada en el ámbito privado.

¿Cómo se llevó a cabo el proceso para tu selección como candidato?

La selección se llevó a cabo sobre la base de que habiendo sido miembro del Partido Nacional Británico desde 2001 logré probar como miembro del partido y como Representante Regional de Prensa que tenía los atributos para transmitir el mensaje del Partido Nacional Británico. Llego a ser seleccionado sobre la base de una militancia activa y de haberme convertido en la voz del Partido Nacional Británico a través de los medios.

¿Podría decirse que te escogieron para mostrar que el partido no es anti-inmigrante?

Como decía al principio el partido no es anti-inmigrante. De lo que se trata es de defender y dar prioridad a aquellas personas que residen legalmente en el país.

¿Es tu selección una forma de contrarrestar percepciones negativas del partido?

Mi selección no tiene nada que ver con cambiar percepciones. Tiene que ver con la capacidad de promover los mensajes del Partido Nacional Británico dada mi experiencia de más de 25 años de periodismo profesional.

Hablemos de tu trayectoria política, ¿cómo llegaste al BNP?

Ingresé al Partido Nacional Británico en momentos en que se iniciaba un movimiento reformista para diferenciar al Partido Nacional Británico de otros movimientos o ideologías que poco tienen que ver con una identidad británica.

¿Qué te sedujo de su ideología?

No se trató de ideología sino de principios y fundamentalmente de dar prioridad a los intereses de Gran Bretaña.

En tu manifiesto electoral dices que te afiliaste al BNP “porque quieres conservar las tradiciones, las libertades y la identidad de este país”. ¿Es el BNP el mejor partido para lograrlo?

La mayoría de los demás partidos hablan de globalización que en definitiva se ha traducido en un mercantilismo desenfrenado que no tiene nada que ver con satisfacer las necesidades reales de Gran Bretaña. En más de un sentido las ideas británicas son gran parte de la base de lo que conocemos como mundo occidental y están estrechamente ligadas al desarrollo social, cultural y económico avanzado que caracterizan al mundo occidental.

Una de las críticas que te hacen es haber declarado al diario La Nación en 2003 que te brindaste como voluntario para luchar junto a los argentinos en las Falkland o Malvinas. Tus palabras fueron, según lo que aparece en internet:

Soy argentino oriental, o dicho de otro modo, uruguayo de nacimiento, y me siento muy ligado emocionalmente a la República Argentina. En 1982 me ofrecí como voluntario para ir a las Islas Malvinas. Todo nació de mi gran interés por la historia y por haber crecido nutrido por los ideales de lo que podría haber sido y finalmente no fue. Esto me llevó finalmente a involucrarme en la carrera periodística que, en definitiva, fue lo que me trajo al Reino Unido

¿No es eso una contradicción para alguien que representa al Partido Nacional Británico?

La entrevista fue inventada. Nunca hubo ninguna entrevista. Es más, nunca hubo ningún veterano ni ningún voluntario. En 1982 y durante todo el año trabajé como docente de educación secundaria estatal, realicé un curso de periodismo y cursos de idiomas, entre ellos un curso de profesorado de idioma inglés en un instituto ligado a la Embajada de Estados Unidos en Montevideo. Esto se puede comprobar fácilmente en Montevideo consultando a las autoridades uruguayas.

El primer ministro David Cameron clasifica al BNP como un partido fascista que desea dividir a este país en temas de raza y color de la piel. Es una opinión bastante generalizada. ¿Hay justificación para pensar así de ustedes?

No hay ninguna justificación. El partido tiene miembros no blancos incluyendo personas provenientes del denominado Commonwealth. Son una minoría simplemente porque la política oficial es atemorizar a la gente para que no se una al Partido Nacional Británico.

El líder de tu partido, Nick Griffin, ha dicho que no considera el mestizaje como algo moral o normal ( En el artículo The BNP: Anti-asylum protest, racist sect or power-winning movement?). ¿No es eso racismo?

Esos conceptos ya no existen en el Partido Nacional Británico donde hay miembros que pertenecen a familias en que hay elementos de diversas razas y nacionalidades.

Si fueras electo alcalde de Londres, ¿qué harías para cambiar esta ciudad?

Lo que planteamos es la integración de Londres como una ciudad total para poner fin a una administración de tipo feudal que divide la ciudad en treinta y tres autoridades municipales distintas. Nuestra postura es todos los londinenses tiene que tener acceso al mismo nivel de servicios sin importar en qué parte de Londres vivan.

Has prometido transporte gratuito en tren y metro los fines de semana, ¿es eso viable?

El tema del transporte lo hemos planteado como una aspiración en el marco de una Plan Maestro para toda la ciudad Londres.

La BBC te dio la oportunidad de hablar de tus propuestas electorales. Sin embargo, no estás satisfecho. ¿Por qué? ¿Será que la BBC evita ser una plataforma para opiniones extremistas?

La BBC ha cambiado en el correr del tiempo. Mi insatisfacción se debe a que yo creo que todos los partidos políticos tienen el mismo derecho de ser escuchados y eso es algo que no existe en Gran Bretaña donde los denominados partidos principales monopolizan los medios.

¿Calculas cuántos votos podrías obtener?

No tiene sentido ponerse a especular sobre cuantos votos se podrá obtener porque la cantidad de votos varía de una elección a otra.

¿Cuántos miembros tiene el BNP en Londres?

El criterio de que un partido es más importante porque tiene más miembros es una idea absurda y un concepto vetusto. Un partido político será más o menos importante en base a su actuación electoral que puede variar de una elección a otra.

¿Por qué deberíamos votar por ti?

La gente debería apoyarme porque represento un intento de integración real en Gran Bretaña, un país donde se habla mucho de integración, pero lamentablemente en lugar de integración se han creado ghettos. La realidad se comprueba con solo mirar la formación de las bancadas parlamentarias.